Meditación Diaria

Meditación del 14 de enero

Texto: Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos" (Gálatas 5:24)


El alcance del apóstol Pablo en este texto es mostrar la inconsistencia de las codicias y los deseos de la carne, con un interés real en el Señor Jesucristo: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.


El verso puede ser desglosado en dos partes: El sujeto y el predicado. Quienes son ellos: “Los que son de Cristo” y lo que se dice de ellos: “Han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Los que son de Cristo no son como fieras rabiosas o bestias que muerden, sino mansos y humildes, como es el Divino Maestro.


Así que, los verdaderos Cristianos, los que son miembros reales de Cristo, los que verdaderamente pertenecen a el, se han dado voluntariamente para ser gobernados por el Rey, el Señor Jesús. Esos son los que menciona nuestro texto. El versículo no solo menciona los sujetos, sino también lo que se dice de esos sujetos: "Que han crucificado la carne con sus pasiones y deseos"; la carne tiene deseos fuertes y propios que son natural al hombre, pero para servir a Dios hay que crucificarlos o negarse a ellos, si hay que negarse a ellos no significa que son extinguidos al convertirse, sino que sean traídos bajo el dominio del alma, no que ellos dominen al alma como sucede con el hombre que no ha conocido el nuevo nacimiento. Es cierto que es para matarlos, pero esa muerte no es en una guillotina o de un balazo en la cabeza, sino una muerte crucificada, gradualmente. Es a esa virtud que se llama la mortificación del pecado.


Se dice crucificar la carne para mostrar la semejanza que hay entre la muerte de Cristo y la muerte del pecado en el Cristiano, lo que también implica que tal cual a Cristo, la mortificación nos traerá vergüenza, burlas, dolor en el alma y una prolongada lentitud. Esto es, ser semejante a Cristo en su muerte contra el pecado.

Nótese que el texto no dice los que creen en Cristo fueron crucificados, sino los que son de Cristo; pues ellos y solamente ellos, son Suyos, quienes sienten, como también profesan o experimentan la eficacia de los sufrimientos del glorioso Señor Jesucristo en la mortificación o sujeción de sus deseos pecaminosos. Por tanto, un interés salvífico en Cristo puede ser regular y fuertemente concluido de la mortificación de la carne, con sus pasiones y deseos. Cristo murió al llevar nuestros pecados y como consecuencia fue resucitado por el poder de Dios, pues de manera semejante solo aquellos que mueren al pecado por la mortificación del pecado tienen en ellos mismos la evidencia de ser salvados o resucitados a vida eterna. Dios ha establecido en Cristo sacar a luz la vida por medio de la muerte para gloria de Su nombre. La evidencia de ser de un mismo Espíritu con Cristo es morir por lo que el murió: El pecado, en el caso Suyo, para redención, y el nuestro para mortificación: “Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con el" (Ro.6:8).


Piensa en el consuelo y dulzura que resulta de la mortificación del pecado, esto debe motivarte a ser mas diligente en esta practica. Hay una doble dulzura, en la naturaleza y altura de esta obra, y en la dulzura del deber para agradar a Cristo, nos da ese dulce derecho de llamarnos con toda propiedad:  Cristianos. La verdadera paz de corazón se obtiene después de haber mortificado el pecado, pues es aborrecer el mal porque es contra Dios, la paz viene por haber rechazado la tentación y luego por haber vencido, lo cual es indicio inequívoco que el Espíritu de Dios reposa sobre ti, pues la carne no puede matar la carne. En tal caso la conciencia aprueba tu trabajo y te sonríe, Dios hace brillar Su rostro sobre ti. Además que es clara evidencia de tu interés por Cristo, tal como dice nuestro texto: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Ga.5:24).


He aquí la senda recta para la paz verdadera: “Porque si vivís conforme a la carne, habéis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las practicas de la carne, viviréis” (Ro.8:13).

 

Amen.

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