Meditación Diaria

Meditación del 24 de enero

Texto: “Vino a el un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, se limpio” (Marcos 1:40).


Todos sabemos que la lepra es una enfermedad de la piel, pero para el judío no era solo así, sino que la lepra era signo de inmundicia cuando era encontrada en alguien, en tales casos el enfermo no era enviado a los médicos, sino que se ponía bajo la inspección del sacerdote, el asunto tenía una connotación religiosa (Lev.13:2-3).


La lepra era como un tipo de la enfermedad del alma, el pecado, pues el individuo era declarado inmundo, y entre ellos fue considerada como indicativo del disgusto particular de Dios sobre la persona que cayera. Dios mismo castigaba con lepra y el mismo perdonaba o limpiaba: "Cuando la nube se apartó de encima del tabernáculo, he aquí que María quedó leprosa, blanca como la nieve. Aarón se volvió hacia María, y he aquí que estaba leprosa" (Nm.12:10). La honra de limpiar la lepra estaba reservada para Cristo, nuestro Gran Sumo sacerdote; y este hombre leproso tomó el camino correcto, ir al Señor buscando la curación, pues Cristo es el Único que puede limpiarnos de la inmundicia del pecado. Debemos ver nuestra lepra para acercarnos, cuando vemos nuestra lepra espiritual estamos empezando a ser humildes.


"Vino rogándole, e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme" (v40); aquí somos enseñados, que todos los que esperan recibir los favores del cielo, deben reconocer la honra y la gloria que pertenece al Hijo de Dios; aproximarse a Cristo con humildad y reverencia tal como el leproso, este hombre creyó y atribuyo a Cristo el poder para sanarle,  su humilde actitud se deja ver en que no exigió ni demando, sino que rogó; como si le dijera: Yo se que tienes el poder de sanarme, y si te place hacerlo, si tu quieres, de seguro será hecho. Todo lo que necesitamos es creer, y la fe producirá en nosotros la actitud, la manera y las palabras adecuadas para pedir y recibir todo lo que necesitamos para el bien del alma, porque la fe obra en luz. La humildad comienza reconociendo en Dios todo el poder, y aplicarla es actuar de acuerdo a eso creído. Así seria humildad en palabras y obras, porque este hombre creyó en el poder de Cristo y aplico su conocimiento a la necesidad particular de su propio caso, la lepra. La humildad es echarse espiritualmente a los pies de Cristo y esperar que nos levante. Cristo no tenia una apariencia atractiva, sino mas bien humilde, no obstante lo que pudieran revelarle los ojos al leproso, este no actuó por vista, sino que creyó en Cristo como enviado de Dios, se apoyo a la bondad del Señor: "Si quieres, puedes limpiarme".


Nosotros debemos hacer lo mismo en el sentido de nuestra lepra espiritual; buscar al Señor Jesús, preguntar por el, y luego apoyarnos en el, como nuestro Medico, solo el puede sanar las enfermedades del cuerpo y sobre todo las del alma; humillarnos ante Dios como este leproso, viendo al señor humillados con el rostro a tierra, con el ferviente deseo de ser por el limpiados; acogernos a su tierna compasión. El leproso oyó a Cristo, pero no había tenido la dicha de saborearlo; había visto la miel, pero no había gustado de ella; y ahora, atraído por el dulce olor del conocimiento de Dios, viene a rogar que se le permita gustar de esa miel, la cual es Cristo, como si dijera: Si tú quieres, dame de tu bondad.

 
El olor de la misericordia de Cristo es algo tan sumamente agradable, que nos empuja a buscarlo hasta que lo encontremos, como dice David: "Vengan a mi tus misericordias, para que viva" (Sal.119:77).  

 

Amen.

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