
Texto: "Y ahora
vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste.
Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo hay quien al presente
lo detiene, hasta que el a su vez sea quitado de en medio" (2
Tesalonicenses 2:5-7).
Esto es como si dijera que de parte del juicio divino sobre los que desprecian
a Cristo, ya el misterio de la apostasía está obrando secretamente como
sistema, o que estaba en sus inicios, y que un impedimento presente pronto
sería quitado y el Anticristo manifestado.
El misterio de la iniquidad. En palabras del ministro Manton es: "Un
sistema espiritual maligno, cuyo fin es usurpar el reino de Cristo, sus
dignidades y prerrogativas sobre la Iglesia, y bajo una mascara de religión y
piedad introducir allí un reino de tinieblas y pecado". Es opuesto a la
esencia del Evangelio, aunque se presenta como evangélico, es un misterio.
Para entender mejor este misterio se hace necesario presentar lo que es la
piedad y luego la iniquidad. Cuando el hombre desobedeció a Dios se hizo un
extraño para si mismo, el pecado se entrono en el y cayo de si mismo, de ahí en
adelante su yo o principal interés ya no fue mas su alma, sino su yo
carnal o pecaminoso. Muchos hacen daño a sus almas, pero nunca a su carne. Son
gobernados por los apetitos de la carne: "Lo que ha nacido de la carne,
carne es" (Jun.3:6); es por eso que aman los placeres, honores y ventajas
de este mundo en desprecio de lo espiritual: "Porque en otro tiempo
nosotros también éramos insensatos, desobedientes, extraviados. Estábamos
esclavizados por diversas pasiones y placeres, viviendo en malicia y en
envidia. Éramos aborrecibles, odiándonos unos a otros" (Tit.3:3); no todos
son fornicarios o ladrones o asesinos, ni todos viven en la misma forma de
pecado, pero si todos se han apartado de Dios al mundo, o tienen una mente
carnal.
La piedad lo que hace es rescatar los hombres y mujeres de ese estado
espiritualmente caído y traerlos a Dios y Su Cristo: "Porque la gracia
salvadora de Dios se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos a vivir
de manera prudente, justa y piadosa en la edad presente, renunciando a la
impiedad y a las pasiones mundanas" (Ti.2:11-12); de modo que la piedad
nos trae el conocimiento, amor, adoración y obediencia al Único Dios verdadero.
Y esto lo hace Dios a través de la fe en la obra perfecta de su bendito Hijo
Jesucristo: "Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo,
no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra
de la reconciliación. Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo
pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en el"
(2Co.5:19-21). El misterio de la piedad es principalmente visto en esto:
"Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en la
carne" (1Tim.3:16).
Ahora bien, el misterio de la iniquidad es lo contrario a esto, aunque procura
mantener una imagen que se le parezca. En este sentido profesan conocer a
Cristo, cuando en realidad son enemigos de Su cruz o auto negación evangélica
(Fil.3:19). No es difícil distinguir los verdaderos ministros de Cristo de los
falsos: "Mas bien, en todo nos presentamos como ministros de Dios: en
mucha perseverancia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias… en pureza,
en conocimiento, en tolerancia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor no
fingido" (2Co.6:4-6). Entonces la regla es muy clara, donde los hombres
procuran la grandeza del mundo, allí es seguro que no reina el Evangelio,
porque la gran lección del camino de la fe es la auto negación, los falsos son
conocidos por el amor a la pompa y facilidad terrenal.
Apliquemos lo estudiado así: Es prohibido meternos en las cosas secretas de
Dios, pero no es curiosidad adentrarnos en las cosas reveladas. Al leer ciertos
pasajes de la Biblia se levantan en uno interrogantes, y antes eso debemos
diferenciar las verdades reveladas de las escondidas, en las escondidas
por Dios mismo no debemos incursionar nunca, porque El ha puesto un velo para
cubrirlas.
Aun en las reveladas debemos ser prudentes, y conocer la medida de uno, y no
aventurarnos en asuntos oscuros de que están mas allá de nuestra capacidad
interpretativa; primero vayamos sobre lo mas fácil y poco a poco ganando
terreno hacia lo mas difícil. No apresurarnos. En los que si puedan, es
conveniente comparar las profecías con los hechos de la historia que nos parece
guardan relación con nuestra fe.
Amen.