
Texto;
"¡Quién como Jehová nuestro Dios! El que mora en lo alto y se humilla para
mirar en el cielo y en la tierra. Levanta del polvo al pobre, y al necesitado
enaltece desde la basura" (Sal.113:5-7).
Este hombre vio que lo había perdido todo, pues por el pecado se pierde a Dios,
y se pierde todo, por ello se vio pobre y necesitado, y a esos es que Dios
promete condescendencia. Esos son los humildes, a ellos Dios desciende de los
Cielos y los atiende.
Es terrible aflicción que Dios no oiga las oraciones de Sus hijos, pero ese no
es el caso, sino que en esto El mismo Señor nos ha proporcionado el mayor
consuelo a los Creyentes de este lado del cielo, que ellos tienen un Trono de
Gracia con promesa de ser oídos y atendidos. El mismo los castigaría, ellos se
humillarían, y Su placer es atender sus oraciones. Comentado sobre estas
oraciones, Calvino dice: “La respuesta a nuestras
oraciones es asegurado por el hecho, que en cierto sentido si Dios la
despreciara estaría negando Su propia naturaleza.
Con estas oraciones ocurre, como el de un padre que tiene varios hijos, algunos
mayorcitos, otros intermedios, otros pequeños y otros recién nacidos, y todos
están sentados alrededor de la mesa a la hora de la comida y el padre, hombre
sensible de la debilidad ajena, ordena servir a los más pequeños primero, pues
sabe que debido a su corta edad son más débiles. Y más o menos eso es lo que
vemos en el pasaje. Así opera Dios con sus hijos en semejante circunstancias,
atiende a todos, pero a los más débiles, a los humildes de primero: "La
oración de los rectos le agrada" (Pro.15:8).
Los oídos de Dios están abiertos para atender las suplicas y satisfacer todas
las necesidades de un corazón humilde o que en verdad le ora: “Levanta del polvo
al pobre, y al necesitado enaltece desde la basura “. Si Dios es el oidor de
tales oraciones, entonces concluimos que es un Dios perdonador. Y es
maravilloso, porque no podemos ni tenemos para pagar las deudas que tenemos con
la justicia divina por nuestros pecados, sin embargo Dios puede perdonar. Como
proclama el salmista: "Porque tú, oh Señor, eres
bueno y perdonador, grande en misericordia para con los que te invocan"
(Sal.86:5). El método divino es ese, perdonar, levantar y curar al débil de
primero.
En conclusión: el verdadero cristiano es un gran privilegiado, porque el
Altísimo oye sus oraciones. Amado Creyente, tú tienes un Dios que tú conoces y
El te conoce; un Dios de infinita Gracia y misericordia; un Dios lleno de
compasión al débil, al necesitado y al pobre, y preparado para compadecerse de
nosotros en todas y cada uno de nuestros problemas y lamentos, y darnos la
ayuda y el alivio que necesitamos: "Tú oyes la oración. Con tremendas
cosas nos responderá tú en justicia, oh Dios de
nuestra salvación, esperanza de todos los términos de la tierra, y de lo más
remotos confines del mar" (Sal.65:2,5).
Cuan altamente privilegiado eres mujer u hombre Cristiano, tú tienes para ti la
Santa Palabra de Dios, en la cual aprendes no sólo lo que debes pedir, sino
también cómo pedirlo; son tan abundantes las misericordias para ti que no se
agotan. Es hermoso saber que éste tu Dios, está más presto para dar que tú para
pedir. Más aun, El está de continuo recordándonos que le pidamos, véase como Su
palabra lo enseña: "Pedid, y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad, y se
os abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla, y al que llama
se le abrirá. Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis"
(Mat.7:7,21,22).
Amén.