Meditación Diaria

Meditacion del 5 de Febrero

Texto: "Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también tu descendencia" (Génesis 48:11).


Jacob ahora está ciego, y no puede ver ni siquiera sus propios hijos, aún así su corazón está lleno de gozo y su boca de alabanzas para con Dios. El saboreó la ternura del Señor en el abrazo que dio a sus dos nietos: "Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también tu descendencia" (v11). Atribuye toda su felicidad al favor divino.


Un abuelo cualquiera puede gozarse con sus nietos, pero los gozos de esta escena están santificados, son mucho más dulce, pues se trata no solo de volver a ver sus hijos, sino también de ver el favor de Dios en ellos, sus sentidos y su conciencia hicieron fiesta para alegrar el corazón de este buen hombre.


A veces vemos los ricos incrédulos alegrarse con la abundancia de sus bienes y agregan esta vana expresión a su alegría: "Tengo estos bienes gracias a Dios", y esto lo hacen porque quisieran que el Creador celebre con ellos sus riquezas injustas, cuando en verdad ellos nunca han servido a Dios sino a las riquezas, tienen el gozo de sus posesión, pero no el de sus conciencias, eso no es un gozo santo, sino carnal. Ellos están seguros que esos bienes injustos no vienen de la bendición del Creador, cuando han vivido de espaldas a Su Palabra.


El gozo santo es fruto de una obediencia por fe, pues mientras Esaú ya andaba divirtiéndose con mujeres impías, en cambio Jacob esperaba en Dios, aguardando la promesa de herencia eterna, y ahora Dios le visita con su bendición. ¡Cuan feliz es la muerte de los santos!


Es probable que para esta fecha el patriarca ignorase de cual de sus hijos habría de venir el Mesías, y al ver este cuadro de amor del abuelo hacia sus nietos, uno se pregunta: ¿Por qué Jacob amaba tanto a José? Por varias razones, pero en sentido general es posible que haya sido una razón de fe. La esposa de su corazón fue Raquel, y el mayor de Raquel fue José, de modo que podemos suponer con buenas razones que Jacob llegase a pensar que de José vendría el Mesías, y tal pensamiento puede acentuarse ahora con todo lo que ha ocurrido y como José  ha venido a ser como un salvador. De ser así, su inclinación por José no fue simple capricho, sino causado por fe en la promesa de Dios de enviar un Redentor a la casa de Israel.


La alegría por causa de la fe del patriarca debe haber sido de inefable gozo: "Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también tu descendencia" (v11). Este sentido cobra más notoriedad si tenemos en cuenta que el apóstol cuando se refiere a los héroes de la fe y su vida ejemplar, no menciona la bendición de los otros hijos, sino solo esta: "Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado en el extremo de su bordón" (Heb.11:21).


No nos debe ser muy difícil imaginar el gozo de la fe de este buen hombre a la hora de la muerte. Fue tanto su deleite que olvidó por completo que era ciego: "Dios me ha hecho ver también tu descendencia" (v11), el gozo de la fe nos hace olvidar nuestras debilidades, y actuamos como si los impedimentos fuesen eliminados. Lo mismo sucedió con Rode cuando Pedro fue liberado de la cárcel milagrosamente: "Y ella de gozo no abrió la puerta" (Hch.12:13-14).

 

Amen.

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