Meditación Diaria

Meditación del 16 de enero

Texto: “Porque ¿que aprovechara al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O que recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26).


El Señor había declarado sobre Sus sufrimientos, y Pedro hablando a nombre del grupo reacciona ofendido, y luego de cavilar un rato da un consejo a Jesús: “Pedro le tomo aparte y comenzó a reprenderle diciendo: Señor, ten compasión de ti mismo. ¡Jamás te suceda esto!” (Mat.16:22); es notorio que Pedro hablo de una manera inocente y respetuosa al Señor, no obstante estaba siendo usado por el diablo, de modo que siempre será un asunto de mucha sabiduría ser conocedor de las artimañas de Satanás.

 
El mismo diablo que instigo a los sumos sacerdotes y al pueblo a crucificar a Cristo, helo aquí usando a Pedro para que disuadiera el Señor y no se crucificara. Cuando Cristo estaba sobre la cruz el Maligno jugo el mismo juego pero con otros instrumentos: “Tu que derribas el templo y en tres días lo edificas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y desciende de la cruz!” (Mat.27:40).


En uno y otro caso vemos que Satanás arrecia sus tentaciones cuando los santos se emplean para negarse a ellos mismo en busca de agradar a Dios, como si eso encendiera su envidia y arremete contra los Creyentes. El diablo había tentado a Cristo, pero no pudo nada, ahora emplea a Pedro con el mismo fin. La respuesta del Señor fue: “Entonces el volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mi, Satanás! Me eres tropiezo, porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mat.16:23); mire lo débil de nuestras bondades, hace tan solo un rato que a Simón se le cambio el nombre por Pedro, y aquí de Pedro a Satanás. Esto nos enseña que mientras somos dirigidos por la Gracia de Dios hacemos lo correcto, pero tan pronto como nos alejamos de ella venimos a ser peores que otros hombres, un Satanás cualquiera. Necesitamos velar de continuamente. Queriendo hacer el bien, actuando sinceramente, caemos con facilidad en pecado, y merecemos fuerte reproche.


En esta misma ocasión es que Cristo declara, no solo a los apóstoles, sino a todos los que le invoquen como Señor y Salvador de sus vidas, que deben también ser conforme a Su mente y voluntad: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame” (Mat.16:24); note el sentido general de la declaración, “si alguno”; esto es, si alguien quiere ser salvar su alma. Los que aspiran ser de Cristo no solo deben abandonar lo fácil y resignar su propia voluntad, sino que deben dejar sus propias vidas cuando esta entre en oposición con la gloria de Dios. Aquí el Señor apela a la razón humana y a las mas altas facultades del alma, nótese lo razonable de su argumento: “Porque ¿que aprovechara al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O que recompensa dará el hombre por su alma?”; el consulta nuestra lógica racional abriendo una pregunta que puede ser fácilmente contestada por cada uno, y así demos una fuerte razón a la mente para que escoja a Cristo y entregarlo todo en Sus manos porque con El estará mejor guardado que con uno mismo.

 
Cuando oímos hablar del alma nos suena como algo distante y alejado de nuestra realidad, por eso emplea un sinónimo que ayude nuestro entendimiento, la vida: “Porque el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por causa de mi la hallara” (Mat.16:25). Salvar el alma es lo mismo que guardar y proteger la vida. Es muy mal negocio ganarlo todo y perder la vida.


El texto nos habla de una balanza con un par de escalas. De un lado es pesado todo el mundo, lo cual es resumido en otro lugar con estas palabras: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la soberbia de la vida, no proviene del Padre sino del mundo” (1Jn.2:16). La idea es lo siguiente: Tome todo lo que puedas conseguir del mundo y póngalo en una balanza de medir su precio. En otra balanza pon tu propia vida.

 
Ahora, que te pongan a escoger. Seguro que nadie escogería el mundo para que luego le quiten la vida; tal es la apelación que aquí Cristo nos hace. Algo mas, que Dios ha puesto las cosas que todos sin excepción deben hacer una escogencia, no hay posibilidad de no hacerlo. Tomar uno es rechazar el otro, o rechazar el otro es escoger el uno.

 

Amen.

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