Meditación Diaria

Meditación del 4 de febrero

Texto: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos. Sed, pues, astutos (o prudentes) como serpientes y sencillos como palomas” (Mateo 10:16).


Sobre la el valor de la prudencia Jesús aquí advierte a los Suyos que les espera una jornada de muchos peligros, y que la prudencia será uno de los medios para su protección y defensa.

 
Todos y cada uno de nosotros se encuentra en un mundo de muchas adversidades y será la prudencia lo que ha de evitar que la maldad nos toque. Además se infiere del texto que por tratarse de una exhortación es algo que podemos adquirir y cultivar. Pudiera ser que por baja estatura no podamos pedirte que seas jugador de baloncesto, en cambio la prudencia si esta disponible para todos.

 
Sobre la prudencia Salomón dice que en esta vida la sabiduría es lo principal cosa: “¡sabiduría ante todo! ¡Adquiere sabiduría! Y antes que toda posesión, adquiere entendimiento... Bienaventurado el hombre que halla sabiduría y el que obtiene entendimiento; porque su provecho es mayor que el de la plata, y su resultado es mejor que el oro fino” (Pro.4:7;3:13,14). Comentando sobre esto el puritano Thomas Watson dijo: “Si las montañas fueran perlas, si cada grano de arena del mar fuera diamante, no fueran comparable a la sabiduría. Sin sabiduría una persona es como un barco sin piloto, en peligro de encallar en la roca”.


El poder de la prudencia radica, no tanto en los asuntos temporales, como destreza física o posesión de bienes materiales, sino en la paciencia para examinar, juzgar y actuar. Entonces ocupémonos en cultivar la facultad del buen juicio o examen de las cosas. La Escritura dice: “Examinadlo todo, retened lo bueno” (1Tes,5:21). La prudencia tiene tres actos esenciales: Examinar, juzgar y actuar. Ilustro: En cierta escuela decidieron poner a prueba la capacidad de los alumnos de diez años de edad. Se le entrego a cada uno una hoja de prueba con doce preguntas; el maestro les dijo a los cincuenta estudiantes que leyeran el papel y luego que contestaran las preguntas. Casi todos desoyeron el consejo y se dispusieron a llenar sus papeles, solo tres leyeron y luego contestaron, entregando sus hojas de prueba a los pocos minutos de iniciado el examen, los demás una hora después, porque la última pregunta decía que solo debían poner el nombre y olvidarse de las demás. El caso puede ser trivial, pero posee una gran lección, sobre la importancia de la prudencia en todos los órdenes de la vida. Los prudentes se ahorraron mucho trabajo y fastidio.


Hay Creyentes muy talentosos, pero se echan a perder por falta de prudencia. Los tales son como el fuego que nada mas brilla para agradar el egoísmo y la vista ajena, pero que no hacen ningún bien a nadie. La falta de prudencia hace los hombres ambiciosos, anhelantes por alcanzar cosas que están fuera de su esfera, convirtiéndose en intranquilos, ansiosos e incómodos de su presente condición, porque su mente esta por encima de su circunstancia; no podrán armonizar con sus deseos, ya que estos siempre estarán por encima de nuestras capacidades. El zapato es incomodo, porque el pie está hinchado. Fue el desajuste mental de la imprudencia lo que arruino a nuestros primeros padres y sigue arruinando a muchos. La ambición les cegó el entendimiento y pecaron contra la prudencia y el sano juicio, porque la imprudencia y la ambición van cogidas de las manos.

 
Por tanto, no olvidemos que el conocimiento solo informa, pero quien ha de dirigir es la prudencia.

 

Amen.

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