
Texto: “Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (2
Corintios 1:3).
La vida del Cristiano es un misterio, porque aun
cuando es un hombre desconsolado en muchos aspectos, pues en cuanto a la carne tiene
una enormidad de enemigos contra los cuales tiene que pelear en esta vida, no
obstante en su espíritu él puede encontrar consolación en todas las cosas. Si
fuese en el hambre, encuentra consuelo en la comida; en la sed, consuelo en el
beber; en el frío, consuelo en la ropa; para él hay consuelo de Dios en todas
las criaturas. Si son frustraciones recibe consuelos por los razonamientos del
Espíritu de Dios a su corazón, él ve un propósito de bondad en todas sus
calamidades y adversidades; si Dios le da se consuela, y si le quita se
consuela también. Entonces se puede decir, que la amargura de los problemas
hace camino para que el consuelo sea más dulce.
Pregunta: ¿Por qué es así? he aquí la respuesta, porque el Creador es:
"Padre de misericordias y Dios de toda consolación". El escritor
divino no dice que Dios nos libra de nuestras de nuestras estrecheces,
sino que nos consuela en medio de ellas. Dios es más glorificado sacando bien
del mal, a que nunca seamos afligidos; hay más honra nadar en aguas profundas y
turbulentas, que hacerlo en aguas mansas.
Esta verdad supone dos cosas; por un lado, que el sólo hecho de estar en este
mundo es de por si una condición para ser visitado con tribulaciones, y será un
buen remedio contra las penurias de esta vida moderar nuestro espíritu con esta
verdad innegable y por todos experimentada: "En el mundo tendréis
aflicción" (Jun.16:33). Por otro lado, que recibiremos consolación segura
de Dios y de acuerdo al grado de nuestra tribulación. Sus consuelos serán
conforme al rigor, duración y variedad de la tribulación. Esas consolaciones no
vendrán por un sólo canal, sino que llegarán por diferentes criaturas, por
medio de un amigo, de un familiar, de un hermano, de un razonamiento; serán
muchas gotas de miel hasta formar un vaso de acuerdo a la tribulación.
Amén.