
Texto: "Jesús le dijo: Mujer, ¿por que lloras?
¿A quien buscas? Ella pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo
has llevado, dime donde lo has puesto, y yo lo llevare" (Juan 20:15)
Un verdadero Creyente puede estar entregado a la búsqueda de Dios, y aun así
estar deficiente. Maria amaba con profundo amor al Señor Jesús, pero lo amaba
como un maestro de las Santa Escrituras, como un
maestro de Israel, no como en verdad ahora El es, el Cristo resucitado. Su
búsqueda y anhelo era correcto, pero insuficiente, porque aun cuando Cristo era
un maestro en Israel, en verdad era mucho más que eso. El amor de Maria era
innegable, indiscutible, pero con deficiencia de luz; aun para amar a Cristo
como debe ser amado necesitamos ser ayudados. Pero Cristo por su misericordia
nos tomara como un carbón del campo y nos pulirá para producir un diamante. En
los contactos que el Creyente tenga con el Señor Jesús, este siempre será
instruido.
Ella había oído la grandeza del Señor, había visto sus portentos y milagros,
había escuchado sus celestiales sermones, y sobre todo había experimentado en
si misma el perdón de sus pecados, su alma había sido curada, el gozo vino a su
corazón, pero con todas esas bendiciones dentro de ella no podía ver las cosas
como debían ser vistas. De cierto que el corazón natural no puede hacer nada
para Dios, porque uno pensaría que con todo lo que ella había recibido estaba
en condiciones de producir por ella misma buenos frutos para Dios, pero no, sin
Cristo nada podemos hacer. No hay luz en el Creyente a menos que Dios la ponga.
Nadie puede encontrar a Cristo sin la ayuda del Espíritu y la Gracia de Dios. (Jn.6:44).
Es notorio en nuestro texto que Cristo demanda saber de Maria cual es el objeto
de su deseo. El sabia muy bien la razón de su tristeza, no obstante le hace la
pregunta: "¿Mujer, por que lloras? ¿A quien buscas?" (v15); ella le
llamaba Maestro, y El entonces ejerce su oficio instruyéndole.
Pero esto no solo fue con ella, sino también con otros, porque todos los tratos
de Cristo para con los suyos están llenos de buen significado y ricas
instrucciones. El ciego de Jericó: "Respondiendo Jesús le dijo: ¿Que
quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista"
(Mrc.10:51). Cristo favorecerá a los hombres de acuerdo a la fe de ellos. Es la
voluntad de Dios que le hagamos conocer nuestro pedido específico, no para
informarlo, sino para que así califiquemos para la
misericordia que necesitamos. El marinero debe acercar el bote a la costa, pero
este nunca pretende que la costa se acerque al bote. Así mismo es con las
misericordias de Dios, nosotros nos acercamos a ella, no ella a nosotros. Los
favores de Dios son como montañas que siempre están ahí, y la montaña no se
acerca a uno, sino que uno va a la montaña.
Este suceso en la vida de Maria no es tanto, "buscad y hallareis",
sino "pedid, y se os dará". Procuremos, pues, que cuando estemos
buscando o pidiendo algo de Cristo que no haya deficiencia en nuestros deseos,
porque hasta que la deficiencia no sea cubierta no recibiremos lo que estamos
buscando.
Pero es muy consolador, que nuestras oraciones serán encaminadas y llevadas hasta
la perfección por el mismo Cristo, porque El es propicio a nuestras debilidades
y se deleita en hacernos el bien.
Amen.