
Texto: "Elías era un hombre sujeto a pasiones,
igual que nosotros, pero oro con insistencia para que no lloviera, y no llovió
sobre la tierra durante tres años y seis meses" (Stgo.5:17).
La oración es un poderoso instrumento, por el cual el Creyente puede prevalecer
con el Creador.
Aquí daremos un recorrido breve por las Escrituras para mover y aplicar tu
corazón al deber de la oración, porque aun cuando seas débil en tus deberes,
por medio de la oración y la Gracia de Dios tu puedes convertirte en un alma
fuerte:
La oración es un mensajero directo de la tierra al cielo: "Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentare
delante de ti y esperare" (Salm.5:3); David
enviaba su correo o su mensajero en la mañana dirigida a la corte celestial.
La oración hace conmover las entrañas de Dios: "¿No es Efraín hijo
precioso para mi? ¿no es niño en quien me deleito?
pues desde que hable de el, me he acordado de el constantemente. Por eso mis
entrañas se conmovieron por el; ciertamente tendré de el misericordia, dice
Jehová" (Jer.31:20); esto es, que cuando Dios oyó
el quejido de Efraín, entonces se condolió; porque nuestro Señor sufre y se
compadece de nuestras dolencias.
La oración hace despertar a Dios, cuando nos parece que en relación con Su
providencia El esta dormido: "Despierta; ¿por que duermes, Señor? Despierta,
no te alejes para siempre" (Salm.44:23); como si
la oración pusiera al Creador a ejecutar los nobles actos de Su Omnipotencia,
como si lo despertáramos para que se ponga en acción y ejecute lo que estamos
rogando.
La oración es como amarrarnos a Dios: "Nadie hay que invoque tu nombre,
que se despierte para apoyarse en ti" (Isa.64:7); es como atarnos con
cadenas de las promesas y de las declaraciones que el Señor ha dicho de Su
buena voluntad hacia nosotros.
Habiendo considerado el poderoso instrumento que es la oración a Dios, uno
puede entender el porque el Enemigo procura con tanto interés desanimarnos o
deprimirnos para que no oremos; por eso se emplea a fondo con las
distracciones, y con pensamientos para abatirnos, turbarnos y que no oremos.
Ahora volvemos sobre nuestros pasos, y repetimos: Si todo esto es verdad, y lo
es; tengo para decirte lo siguiente: Que aunque seas débil en los dones;
aunque tu corazón este frió y duro; aunque estés bajo muchas distracciones;
aunque el Señor esconda su rostro a tus oraciones; aunque el Señor parezca
enojado contigo; aunque haya mucha incredulidad en tu deber; aunque haya mucho
egoísmo en tus peticiones; aunque tu corazón no este preparado, de acuerdo a
las preparaciones del santuario; aunque tu seas una persona de muchas pasiones:
En fin y no obstante todo eso, tu no tienes causas justas de estar
deprimido, paralizado o desanimado, sino todo lo contrario, estimulado al deber
esencial de orar siempre a Dios.
Por tanto, digamos como el salmista: "Por eso orara a ti todo santo en el
tiempo en que puedas ser hallado. Ciertamente en la inundación las caudalosas
aguas no llegaran a el" (Salm.32:6).
AMEN.