Meditación Diaria

Meditacion del 6 de Mayo

Texto: “ Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15:4).


Aquí se nos dice que Las Escrituras son nuestras, de modo que si alguien está pasando por medio de una tribulación, y por medio de la lectura de la Biblia o por la predicación encuentra consuelo, esa consolación le capacita para que luego pueda traer a otro que esté atribulado a la misma fuente de consuelo que él ha recibido, que el bien se siga multiplicando, porque "Dios es Padre de misericordias". Al escribir su experiencia el salmista hizo eso, óigalo: “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma” (Sal.94:19). Sobre el particular Lutero decía más o menos lo siguiente: 'Un hombre que es muy bendecido, es un hombre que ha sido muy atribulado."


Y el apóstol trae luego la razón o argumento de es manera o forma divina: "Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación" (2Co.5); esto es, que las tribulaciones de los Creyentes son parte de los sufrimientos de Cristo, y esta es la razón por donde comienza el consuelo en medio de nuestros dolores, que son la manera de hacernos semejantes a nuestro Señor Jesucristo, es esa la razón de la alabanza: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación”. Sólo en Cristo podemos hallar la cruz y el consuelo; lo amargo y lo dulce. Lo bueno es mayor que lo malo, y aunque las aguas de la aflicción inunden toda la tierra, el Arca de Dios siempre estará por encima de las aguas.


Volvamos al salmista: “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma”; a este versículo se le pueden poner dos etiquetas. La primera cláusula le llamaremos “lagrimas de un Creyente”, y a la segunda, “sus alegrías”. Entonces cada una de tus lágrimas, amado hermano, atrae consolaciones divinas. La tierra sería un infierno sin estos consuelos. El infierno es un lugar donde no hay consuelos. Como no somos del infierno cada vez que somos atribulados, de inmediato el celo dispone que mas temprano que tarde vengan a los Creyentes lluvias de consolaciones. De esta manera el Creyente en sus tribulaciones y aflicciones parece medio confundido, pero en sus consuelos medio salvado o liberado.

 
Esto puede ser visto en la vida del hijo de David, el Mesías, unos lo pintaban de incrédulo, y a otros les parece un verdadero Creyente. Unos lo meten al infierno y otros lo sacan. La vida del Creyente sobre la tierra tiene semejanza con esto, por un tiempo caen en aflicciones como si estuviesen en el mismo infierno, y en otros tiempo saltan de alegría.  

 

Amén.

Buscar Meditaciones

Fecha: