
Texto: “El
Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de
sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (Efe.1:17).
No podemos ver la verdad a menos
que Dios ilumine nuestro entendimiento. Cuando hagas este santo ejercicio de
meditar en Su Palabra, no descanses en tu esfuerzo o capacidad, sino en el
poder de Su Santo Espíritu. Veamos otro verso: “Conoceremos, y proseguiremos en
conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida” (Ose.6:3).
No es en vano buscar el
conocimiento de Dios, y aun cuando todos los métodos y esfuerzos humanos
fallen, entonces sabremos que el poder reside en El y quiere que lo sepamos,
que sólo Dios pude hacernos felices. Este ejercicio de la meditación o practicar
el “selah” es de suma importancia en la vida
cristiana, ya que encierra esta verdad: Que cuando Dios empieza a Mostrar
misericordia, es con el fin de darnos esa misericordia. Es un favor que nos
diera la Biblia, la facultad de leerla, y ahora sobres esas nos dice que
meditemos; quiere seguir mostrando misericordia. Quien da el conocimiento
transformador manda que lo pidamos, quiere darlo.
La idea es esta: Que El Espíritu Santo usa un ladrillo y mezcla para
transformarnos hacia nuestra meta, la formación de la imagen de Jesucristo en
nuestras vidas. El ladrillo, Su Palabra y la mezcla nuestra fe. Note cuan
explicito lo dice el salmista: “Dulce será mi meditación en él; Yo me
regocijaré en Jehová” (Sal.104:34). El orden de los eventos: Su obra o acción,
meditar, y el resultado o efecto o transformación, en este caso fue, deleite, o
que la transformación que le llevó a esa apacible complacencia vino después de
una santa labor de meditación voluntaria. Haz lo mismo, y vivirás.
Amén.