
Texto: "Quizá
nos aborrecerá José, y nos dará todo el mal que le hicimos" (v15).
La luz de nuestras conciencias dice que debemos ser
tratados de acuerdo a nuestras obras, y es común para todo ser humano tratar a
sus semejantes como ellos lo tratan, tan pronto como tienen el poder para
hacerlo, pero también es muy dificultoso para nosotros creer que si actuamos de
otra manera no saldremos perjudicados. Lo que si es cierto de todo esto, es lo
siguiente: Imposible hacer el mal a otros sin que no nos hagamos mal a nosotros
mismos, la conciencia es un juez estricto. Así que, como medio de preservación
a uno mismo, lo mas recomendable es hacer el bien a los que nos hacen el mal. Era
tan grande el peso de sus conciencias y el miedo resultante de esa culpa, que
no podían presentarse cara a cara delante de José y mandaron mensajeros:
"Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte diciendo:
Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su
pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la
maldad de los siervos del Dios de tu padre" (v16-17); de paso vemos que
los hombres nacieron para ser útil unos con otros. Miremos lo que han dicho a
José, que por mandato de Jacob le hacían esa petición, eso parece dar a
entender que aun Jacob dudaba de la sinceridad e integridad de su piadoso hijo,
pero algunos estudiosos de las Escrituras están inclinados a pensar que Jacob
no dejó tal encomienda para después de muerto, sino que eso nació en las
conciencias culpables de sus hijos.
La razón para tal conclusión viene que estando Jacob aun vivo, habló dos veces
con sus hijos respecto de su entierro, y para un hombre como él la
reconciliación de sus hijos seria mucho mas importante que el funeral de su
cuerpo mortal; por tanto estas palabras deben ser consideradas como de sus
hijos y no de él. Ellos se tomaron la libertad de hablar a nombre de su padre;
pero a nadie debe sorprender tal proceder.
Una conciencia culpable empuja los pecadores mucho mas allá de los medios
razonables para tranquilizar su alma, porque son víctimas de una fuerte
incredulidad mientras están bajo esta penosa situación, el miedo que trae la
culpa los hace insatisfecho con todo remedio posible. Esta misma angustia
e insatisfacción puede ser vista en los fariseos: "¿Hasta cuando nos
turbará el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente" (Jn.10:24);
los sermones y los milagros del Señor le fueron insuficientes para creer las
verdades dichas por el Señor, como para los hermanos de José confiar en su
sinceridad. Dios nos ayude.
Amen.