
Texto: “Jehová
es quien hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Salmos 103:6).
Es sabio que mejores manos nos defiendan, que hacerlo uno mismo. En ocasiones
nos hemos encontrado en situación tan desaventajada que sin uno pedirlo otros
hablan por uno y nos defienden. Cuanto más el Justo Dios abogará por la causa
de los mansos. Recordemos que el trabajo mayor de la mansedumbre es cuando
somos provocados, y en esto volvemos al ejemplo de David, quien fue provocado
por aquellos que buscaban su mal, y le tendieron trampas con improperios de
todos los colores en su contra para ver si caía en el gancho, sin embargo oiga
como dijo: “Pero yo, como si fuera sordo, no escuchaba, y era como un mudo que
no abre la boca” (Sal.38:13). Ahora preguntémosle al hijo de Isaí: ¿Por qué no respondiste a
las provocaciones, y el dice: “Pues en ti, oh Jehová,
he esperado; tú responderás, oh Jehová, Dios mío”
(v15).
Dios ha prometido defender no
sólo a los oprimidos o quienes sean injustamente tratados, sino también a
quienes en obediencia a las leyes de la mansedumbre le encomienden sus causas,
el Señor los defenderá: “Te levantaste, oh Dios, para
juzgar, cuando te levantaste para librar a todos los mansos de la tierra. (Selah)” (Sal.76:9). El juicio donde se trate el caso de los
mansos, no tiene otra sentencia que librarlos. Para el ofensor es un juicio,
para el manso es vindicación. Oiga esta verdad: “La ira del hombre no lleva a
cabo la justicia de Dios” (Stgo.1:20). Esto es, que
un verdadero Creyente pudiera ser maltratado y provocado a enojo, y enojado
orar al Señor que lo defienda, aun cuando su petición sea justa, si está
enojado no será atendido, porque la ira humana no compromete, no mueve, no trae
el favor de la justicia divina. Quien así lo intente está en un error, y para
que su caso sea conocido él debe primero salir del error y luego podrá someter
su causa. Entonces si eres ofendido no intentes ser tu propio abogado, sino que
tu mejor negocio sería imitar al manso Jesús: “Cuando le maldecían, él no
respondía con maldición. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba
al que juzga con justicia” (1Ped.2:23). Mathew Henry
comentado sobre esto dice: Sería por cierto una gran muestra de auto negación
hacer silencio cuando tengamos suficiente para hablar, o cuando hayamos sido
muy provocado para responder; pues de hacerlo así el control de nuestras
lenguas tendría pura motivación de paz y amor, manifestando de este modo una clara
evidencia de que somos discípulos de Cristo, habiendo aprendido a negarnos a
nosotros mismos. Es mejor que por el silencio demos beneficio a nuestro
hermano, quien es, ha sido y quiere ser nuestro amigo, que por un hablar
enojado demos lugar al diablo, quien ha sido, es y por siempre será nuestro
jurado enemigo.
Así que, repetimos lo dicho en algún lugar: Que para ser manso con el prójimo
es requerido acomodar nuestro temperamento al prójimo, y las razones de este
acomodo en santa mansedumbre son: Que el silencio es tu deber, aseguraría tu
beneficio, y por este callar Dios defenderá tu causa.
Amén.