Meditación Diaria

Meditacion del 23 de Junio

Texto: Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia.  Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2:48)


Los teólogos no estuvieron tan maravillados al oírle, como los padres al verlo entre los doctores de la Ley. El gozo de encontrarlo allí y discutiendo asuntos divinos les puso gozosos. José no habló palabra, el sabía que no tenía tanto derecho sobre el niño: “Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así?” (v48). Todo parece indicar que Maria le habló en privado, y se nota lo comedida que era, no lo hizo imperiosamente como hablaría una madre. Le habló como si fuera un adulto, con respeto. Expresa más bien dolor, que queja o reprensión: “Hijo, ¿por qué nos has hecho así?”. Maria fue la madre de Su humanidad, y no pensó que ella fuese más importante que los intereses divinos.

Nadie debe pensar que ella se consideraba más importante que los intereses divinos, si habló así fue sin darse cuenta, humana debilidad. Debe haber sido bien difícil para ellos, sobre todo para Maria manejar adecuadamente este asunto. No podía olvidar lo que le reveló el Ángel: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (v1:35). El Niño era su hijo, y también su Salvador. Dios la escogió para vestirse de carne y entrar a este mundo. Nuevamente notamos lo piadosa que era esta buena mujer: “He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia” (v48). Para el mundo José era su padre, y ella le honró, lo mencionó antes que ella. Era una mujer sumisa. María sabía muy bien que José sólo tenía un nombre en el asunto, no obstante tuvo en cuenta su condición de ser ayuda idónea. Buen ejemplo. El niño responde: “Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (v49). Ahora bien, El no entra en contradicción con ella, sino que toma su mente y la lleva más arriba, al Cielo, y le dice que se quedó en el Templo por voluntad de Dios Padre. Por tanto, no debió angustiarse, sino confiar. Confirma lo que dijo al Ángel: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (v1:38). La reacción de Maria nos dice que no es nuevo concluir erróneamente que podemos cuidar los interese de Cristo mejor de lo que El lo hace. Tampoco nadie piense que puede cuidar la Iglesia mejor que El.  

 

Amén

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