
Texto: “Tú
diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su
mosto” (Salmos 4:7).
Como rey David conocía el gozo de una abundante cosecha, poseyó o vivió esa
experiencia; y ahora confiesa que el deleite divino es mayor. Participó en
ambos casos, en lo material y espiritual. Lo que se desea significar es, que en
el deleite divino ha de haber una comunicación y participación de Dios con uno.
Y mientras haya más luz o conocimiento en el corazón del Creyente mayor el
deleite. El salmista tuvo luz natural, espiritual, comparó en fe o con buen
juicio y concluyó con un argumento certero: “Tú diste alegría a mi corazón
Mayor que la de ellos”. Allí Dios es disfrutado, el alma goza el cielo estando
en la tierra. ¿Significa esto que hay que probar el pecado y luego comparar con
la senda cristiana? No, la Palabra de Dios da la luz para eso, por eso somos
llamados a confiar: Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra,
y te apacentarás de la verdad” (Sal.37:3).
Significamos así, que estos deleites son comunicables en la senda del amor a
Cristo. A un niño le es muy difícil aceptar que una inyección en su carne sea
beneficiosa para sanarle, y esto porque no es agradable, pero con una mente
madura, prudente o sana, un bien conveniente ha de ser también agradable a su
buen juicio, aunque no lo sea a su mente carnal. Que el deleite sea agradable y
honesto. Agradable en el disfrute y honesto en la manera de obtenerlo. Hay
deleites legítimos e ilegítimos. La idea es que no podemos deleitarnos o
disfrutar un bien a menos que una manera u otra participemos de ese bien. Que
los sentidos, el apetito, la imaginación, la memoria o la voluntad en un grado
mayor o menor, por corto o largo tiempo lo posea o entre en contacto con el
gozo divino.
Hermano amado: Haz todo cuanto tengas a tu alcance para ser dirigido al amor de
Dios. Lo que deseo decirte es que el Espíritu de amor, virtud y sano juicio
gobiernen tu vida; como está escrito: “Que el Señor encamine tu corazón al amor
de Dios, y a la paciencia de Cristo” (2Tes.3:5). Procura incentivar esa semilla
divina de compasión y generosidad que fue sembrada en ti en el día de tu
conversión. Procura además guardar tu alma de las codicias mundanas; desvía tus
deseos a los tesoros celestiales, y no tanto a los bienes terrenales. También
pon guarda a tu hablar, que tus palabras sean sabias, sazonadas con Gracia.
Diariamente ama la lectura de tu Biblia, y procura estar en paz con todos tus
familiares, amigos y relacionados. Esto te exhorto, por esta sencilla y
poderosa razón: El deleite de Dios es para un alma santificada.
Amén