
Texto: “Y
José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a
Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y
familia de David” (Lucas 2:4).
Este versículo habla del linaje del Mesías. Es dicho así: El lugar
prueba Su descendencia, pues si habría de suceder a David en su trono, también
debía nacer en la ciudad de su nacimiento. Y fue Belén señalada para este
honor: “Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la
más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti
saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel” (Miq.5:2).
Belén significa casa de pan, el pan que bajo del cielo para dar de comer al
mundo el manjar de vida y paz, la comida que lleva el hombre a felicidad eterna.
La jornada de José y Maria fue de unos cuatro días, eso tomaba llegar desde
Galilea a Belén. Hay unos 120 Km. De distancia, y en aquel tiempo era normal
que una persona caminase unos 30 Km. por día. Era un largo trecho para una
mujer encinta, y más difícil aun con una barriga de nueve meses. José y Maria
fueron sumisos y obedientes a las autoridades, pues tuvieron una justa excusa
para no hacer el viaje, ella estaba en los días previos a su alumbramiento, sin
embargo hizo el largo viaje. Fueron de obediencia ejemplar, las dificultades no
le detuvieron. Después de mucho caminar llegaron a Belén, cuatro días de
camino. Además era una mujer fuerte. He visto mujeres en su mes séptimo y
octavo que casi no pueden caminar, se sofocan con facilidad, pero he aquí Maria
caminando por varios días para cumplir con el edicto del emperador. Fueron
una pareja de fortaleza física, de fe y temerosos del Señor. Jesús desde el
vientre o antes de nacer dio muestras de obediencia. Sus padres fueron ejemplos
de obediencia. Ahora bien, su final fue peor que su jornada. No hubo descanso
en el camino ni lugar en la posada: “No había lugar para ellos en el mesón”
(v7). Su entrada a este mundo, a donde vino para salvar siempre fue con
problemas y sufrimientos. Hacer el bien a hombres pecadores siempre tiene un
alto costo.
Hermano: No tienes razón alguna para amargarte si eres rechazado por el mundo. No
dudo que el impulso para sentirte amargado ocurra en ti, pero si consideras
debidamente el ejemplo de Jesús de seguro que el desagrado sería eliminado,
cuando no muy disminuido. La razón es obvia, todo es de Jesús, pero nada aquí
es tuyo. Y si el siendo el dueño, puro y perfecto actuó con humildad, es más
lógico que tú también. Todo lo que tienes y usas aquí es prestado, un día te lo
van a pedir. Así que, no te pongas en el lugar que no te corresponde, y vivirás
más en paz, pues el favor de Cristo está con los humildes: “Lo débil del mundo
escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios… Si á mí me han perseguido, también á vosotros
perseguirán” (1Co.1:27; Jn.15:20). Dios no busca
gente que lo haga brillar, sino individuos a quienes la práctica del Evangelio
los haga brillar como buenos y obedientes.
Amén.