
Texto: "Entonces
Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y lávate
siete veces en el Jordán, y tu carne se restaurara, y serás limpio" (2 Reyes
5:10).
La sencilla dirección que Eliseo le dio por medio del mensajero, encierra una
gran verdad: Que cuando Dios hace un favor lo hace completo, no sólo para sanar
la lepra de Naamán, sino también le modificó su mente
mundana, lo humilló para salvarlo.
Eliseo le dio una simple dirección con su correspondiente promesa, y sin
ninguna formalidad. Nótense que ni siquiera salió a la puerta para recibirle,
sino que le mandó un mensajero. El propósito de la dirección no fue tanto como
un medio de cura, sino más bien como un signo de curación y una prueba de su
obediencia; porque el baño frío pudiera ser dañino para los que tienen lepra,
pero hay una enseñanza en esto, y es: Los que esperan ser ayudados por Dios,
deben hacer lo que El les mande.
Pregunta: ¿Por qué Eliseo le envío un mensajero? Por un lado, porque Eliseo se
había recluido para orar por la curación y nada debía apartarle de ese santo
deber, y por el otro, porque él sabia que Naamán era
un hombre inmundo por la lepra, y además orgulloso; para curarlo era necesario
enseñarle que delante de Dios todos los hombres están al mismo nivel, que la
posición social es una ventaja con las criaturas, pero no para con el Creador,
sino la humildad lo es.
Naamán se disgustó con la manera que Eliseo le trató,
porque no fue como él esperaba, y de esta forma salió a luz el orgullo de su
corazón, el valor que el individuo tenía de sí mismo. Cuan irracional es la
soberbia, pues ha venido considerando a Eliseo como el único médico que puede
sanarle, y debido a que el asunto fue diferente a como pensó, entonces se enoja
contra su sanador. El orgullo hizo que se le perturbara la mente, fue
confundido en sí mismo por la manera en que se le trató, lo cual resulto en un
perjuicio, ya que perdió así la esencia del viaje, buscar el remedio de su mal:
“Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía
para mí: Saldrá él luego, estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios,
alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra" (v11). Dos cosas
disgustaron al general. Por un lado, que el profeta despreció su persona al
enviarle su sirviente y no vino él mismo, el hombre tenía un alto concepto de
sí mismo, y por el otro lado, que Eliseo también debía pensar igual; le pareció
que lo espiritual era como se es en este mundo. Hoy día muchos tienen la misma
mente que Naamán. Su imaginación vuela tan alto, que
se fascinan con ellos mismos. El individuo no se preguntó si el método
prescrito le curaría o no, sino que su pasión carnal se levantó porque no se
había hecho como pensaba. Oremos a Dios, que nos libre de la arrogancia.
Amén