Meditación Diaria

Meditacion del 13 de Abril

Texto: “Nos escogió en él desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos” (Efesios 1:4).


La santificación y la fe, no son causas, sino medios de elección. No dice el verso porque éramos santos, sino para que pudiésemos serlo. Vienen a ser miembros de la Iglesia de Cristo, aquellos a quienes Dios llama para salvación: “Y creyeron cuantos estaban designados para la vida eterna” (Hech.13:48). Entonces, todos y cada uno de los que son santificados por el Espíritu y creen la verdad, pertenecen a los elegidos de Dios. La elección es un secreto de Dios, y se puede conocer por los frutos en los que creen.


La gracia de la santificación, no es tanto una profesión visible de dedicación a Dios, sino más bien un acto interno, en el corazón, y una manifestación de real cambio en la vida. Mire este texto: “Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, pero ya sois santificados, pero ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1Co.6:11); fueron perdonados mediante la fe en Jesús y santificados, se vio un cambio real de abandonar el pecado y amar la verdad. Si usted es capaz de ver eso en su vida, entonces tiene buena evidencia de ser una nueva criatura. La santificación por el Espíritu será conocida en uno, no tanto por una vida de externa dedicación al Señor, lo cual está incluido, sino más bien por una inclinación interna hacia Dios y el cielo, viviendo de acuerdo a eso.

Lo cual es creer el Evangelio. Se trata de una fe viva, no una fe muerta. Alguien pregunta: ¿Qué es una fe muerta? El apóstol lo dice así: “No creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”; recibieron el Evangelio, pero su deleite y complacencia eran las cosas del mundo, eso es una fe muerta, característica de los seguidores del Anticristo. De modo que un simple aceptar a Jesucristo como Señor y salvador, que no esté acompañado con la santificación del Espíritu, no salva. Estas gracias van juntas, son inseparables, no deben ser apartadas. El Evangelio debe ser oído con la cabeza, sentido en el corazón y visto en la voluntad, entonces podemos decir que ciertamente allí entró la verdad.

 

Amén.

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