
Texto:
" Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis
discípulos" (Juan 8:31).
Las palabras de Cristo son el medio designado por Dios para dar fe a los
hombres. Los apóstoles no tuvieron ningún otro medio de salvación que las
Palabras de Cristo, y llama la atención que cuando da un reporte de la fe de
ellos, no menciona Sus milagros, sino solo Su doctrina: "He manifestado tu
nombre a los hombres que del mundo me diste... Las palabras que me diste, les
he dado" (Jun.17:6,8). No solo menciona la obra interna del Espíritu santo
en el alma de Sus discípulos, sino también el medio externo, las enseñanzas de
Sus palabras.
En otro lugar hay un dicho general que dice lo mismo: "La fe es por
el oír, y el oír por la palabra de Cristo" (Ro.10:17);
este es el método y la manera usual en que la Gracia de Dios obra sobre los
corazones de los hombres.
El primer sermón que predicaron los apóstoles trajo la conversión de 3000 en un
mismo día; de modo que la Palabra de Dios es un poderoso instrumento para obrar
la fe (Hch.2:41). En un pasaje del AT se nos informa
que un ángel mato 185,000 en una sola noche. Es más fácil matar a muchos que
convertir un alma.
Entonces se puede decir que no puede haber fe sin conocimiento, no puede ser un
asentir ciego sin tener conciencia de lo que se cree: "¿Como creerán a
aquel de quien no han oído?" (Ro.10:14); debemos
saber que Cristo es, antes de que podamos confiarle nuestras almas. Hubo un
hombre ciego a quien Jesús le hizo un pregunta, cuya respuesta fue muy sensata:
"Jesús oyó que lo habían echado fuera; y cuando lo hallo, le dijo: ¿Crees
tu en el Hijo del Hombre? El respondió y dijo: Señor, ¿quien es, para que yo
crea en el?" (Jun.9:35-36); debemos saber que Dios es. Hasta que tengamos
un conocimiento de la naturaleza de Dios y los términos del pacto, estaremos
llenos de temores infundados. Los temores crecen y se dan en la oscuridad.
El conocimiento de fe o salvífico depende de dos
cosas que no pueden engañarnos, la revelación de la Palabra de Dios, y la
iluminación del Espíritu. Toda clase de conocimiento espiritual no es
suficiente para la fe, sino el sano y verdadero conocimiento. La Biblia enseña
acerca de una forma de conocimiento y una forma de piedad. La luz de la luna
alumbra, pero no calienta. La luz de la fe es obrada por el Espíritu de Dios y
además es transformadora.
Obrada por el Espíritu. Puede haber un conocimiento que nos llega por medio del
mero sermón o los libros, que en verdad brillan mucho en la mente, pero esa luz
es débil y borrosa. Brillan con la luz de otros hombres: "Ellos decían a
la mujer: Ya no creemos a causa de la palabra tuya, porque nosotros mismos
hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo"
(Jun.4:42); hay una enseñanza de los hombres y hay otros de Dios usando los
hombres como simple instrumentos. La luz del Espíritu es de otro material, la
humana no es escrita en el corazón como la de Dios, sino solo reportada al
oído: "Pondré mis leyes en la mente de ellos y en sus corazones las
inscribiré" (Hebr.8:10); la verdad es escrita
por el dedo del Espíritu, la otra es reportada por los hombres. No es lo mismo
ver a Dios y las cosas de Dios en la luz del Espíritu, que verlo por el reporte
de los hombres. Hay una gran diferencia en conocer países por el mapa y libros,
que conocerlo en propia experiencia.
Luz transformadora. Es luz verdadera la que sujeta nuestras codicias y purifica
el corazón; el conocimiento del incrédulo es luz, pero sin fuego; puede
dirigir, pero no persuade a la obediencia sincera: "En esto sabemos que
nosotros le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo
le conozco y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no esta en
el" (1Jn.2:3-4; vease además Col.3:10); la luz
que no trasforma es mera inactividad. En el Paraíso hubo un árbol de vida y uno
de conocimiento, muchos prueban el árbol del conocimiento, pero no el de la
vida. La seguridad del amor de Dios y de la salvación de tu alma depende mucho
del conocimiento espiritual.
Hermano amado, te rogamos tomar estas palabras como una exhortación a que
te esfuerces en obtener mas conocimiento de Dios y del Señor Jesucristo.
Es posible que una persona tenga buen conocimiento y aun así, Dios le atribule
para probarle o humillarle; aunque lo usual es que los Creyentes con mucha
ignorancia se llenan de escrúpulos, de temores infundados que le deprimen y
paralizan innecesariamente, cuando bien pueden evitarlo, porque la luz
desvanece los temores como el sol disipa la niebla.
Amen.