
Texto: "La envidia es carcoma
de los huesos" (Proverbios 14:30)
Nuestro texto dice que la envidia no solo es un pecado, sino también un
tormento: "Es carcoma de los huesos". El hombre envidioso es
empobrecido por las riquezas del otro, y atormentado por la felicidad ajena.
Un autor de novelas relataba que en cierta ocasión se había encontrado una
serpiente en el corazón del cadáver de una mujer. Pero el envidioso tiene una
culebra en su pecho, que lo atormenta continuamente mientras está vivo. De
todos los espíritus que suelen tomar el corazón humano este es uno de los más
torturante, corroe y agobia el alma de quien le tome posesión. Su perjuicio no
es como las caries o una inflamación de la piel, sino que se mete mucho más
profundo, trabaja arruinando, tal como la carcoma, que no se ve hasta que ya no
hay remedio. La envidia actúa contra los huesos, entiéndase que destruye
internamente.
En sentido general, la envidia puede ser definida así: Es un espíritu de
insatisfacción o molestia interior, que se opone o le disgusta la prosperidad y
felicidad de los demás, al compararla con uno mismo. Por este pecado uno se
siente ofendido por el bien ajeno, nos perjudique o no ese bien. El envidioso
quiere brillar el solo, y peor aun, le parece que el bien ajeno fue tomado de
lo que era suyo. Este pecado ese señalado como uno de aquellos en que vive el
hombre carnal: "Estábamos esclavizados por diversas pasiones y placeres,
viviendo en malicia y en envidia" (Tito 3:3).
El envidioso se siente incómodo y a veces no puede frenar las palabras de
murmuración cuando ve la superioridad comparativa del estado de honor,
prosperidad o felicidad que el otro puede disfrutar, sobre lo que él tiene. A
este estado del espíritu natural es lo que la Biblia y donde quiera se le denomina
como la envidia.
Para poder cultivar una vida balanceada, es necesario estar persuadidos que no
somos el centro del universo, y que además hay personas que son superiores en
todos los sentidos que uno. Uno de los extravío de la envidia es que no admite
esa realidad, no resiste que los demás puedan poseer, ser o estar por encima.
Es necesario apuntar que hay una disposición natural en el hombre que lo guía a
procurar ser el mayor o superior entre todos los hombres, de modo que no
sorprende que el hombre se sienta disgustado cuando ven a otro por encima. Hay
personas que se consideran superiores por lo que poseen, ya sea bienes
materiales u honra, así que no debe extrañar que al ver a otros con más de lo
que tienen los consideran o entienden que son superiores
a ellos mismos y les produce un malestar interior. Tal sentir es mundano, u
opuesto a la naturaleza y virtudes de una vida Cristiana; o que debemos luchar
contra tales impulsos cuando surjan en nuestro pecho. Ten en cuenta este caso:
Abraham dio a escoger a Lot los terrenos que
quisiera, solo uno que teme al Señor puede hacer esto y permanecer tranquilo,
sin envidiar al prójimo, sin pensar que el otro está tomando ventaja, ventaja
que no pasa de este mundo y como mucho hasta la tumba. Haz lo mismo y vivirá
tu corazón.
Amén.