
Texto: “Los
caminos de la sabiduría son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz. Ella
es árbol de vida a los que de ella echan mano, Y bienaventurados son los que la
retienen” (Proverbios 3:17).
Al leer este verso notamos que fue escrito por un alma con fe verdadera, la
Palabra de Dios no sólo es racional, lógica, de alta intelectualidad, también
la recibe con gusto; es leche con sabor agradable: La dicha o deleite no es por
simple oír, sino para los que son capaces de retener la verdad, y es retenida
en un corazón donde haya suelo de fe o confianza en Dios, la senda de la
sabiduría divina.
Son los Creyentes quienes en alguna medida pueden entender a Pablo cuando en
ardiente pasión dice: “Ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por
la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Fil.3:8). Y en otro
lugar agrega: “A Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo
Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su
conocimiento… A éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor
de vida para vida” (2Co.2:14,16). Tal como el perfume es deleitoso, agradable,
vivificante, así la Palabra de Dios en aquellos que aman a Cristo. Es Palabra
con vida en sí misma, y da vida a los que la reciben con fe. Para resumir es:
Que una revelación de Dios con claridad y seguridad al alma, no puede sino ser
altamente deleitosa. Dicho de otro modo: El conocimiento de Dios produce
deleite en el corazón del hombre o mujer creyente.
La iluminación o revelación divina que produce deleite ha de poseer siempre
estos cuatro particulares: Por su asunto, manera, vigor y tendencia. El asunto
revelado es Dios mismo a un corazón en fe. Le dice en esa iluminación que es Su
expresa voluntad, que en Cristo el quiere ser nuestro Dios, lo cual genera y
alimenta el deleite. La manera, con claridad y seguridad, produciendo en
el corazón y voluntad la certeza que es nuestro deber recibirla. El vigor
que le acompaña es fuerte, sentido, vital, es luz dulce, agradable como no hay
otra. Y por último su tendencia, llevar el alma a unión con Cristo. Es
una luz de tanto poder, que no sólo guía nuestros pasos con deleite, además
sirve para alumbrar y perfumar a otros.
Amén.