Meditación Diaria

Meditacion del 22 de Abril

Texto: “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4).


Este salmo es muy apropiado a nuestra presente peregrinación, o a las circunstancias por las que atraviesa la Iglesia de Cristo, el bienestar que se ven en los impíos agobia a los Creyentes, y los inclina a la impaciencia y al deseo de correr con los incrédulos en su desenfreno con apariencia de felicidad. Óigalo: “No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad… Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo… Los impíos desenvainan espada y entesan su arco, Para derribar al pobre y al menesteroso, Para matar a los de recto proceder” (v1,7-8,14).

 

No sólo son asaltados por la codicia que enferma, sino también físicamente atacados por los malvados. Éste cuadro produce una mezcla de amargos y ahogantes sentimientos, nótese: “impaciencia… envidia… enojo… excitación hacer lo malo” . En otras palabras, que es usual que un alma sea debilitada con esa visión. La situación de los Creyentes en tal situación le enferma, oprime desconcierta. Los virus que enferman el alma Creyente suelen entrar por los ojos. A esto se llamaría contagio visual.


Allí el escritor divino trae el remedio: “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón” (v4); esto es, que la solución ofrecida al sufrido es una medicina que quite el descontento, y esto lo hace mandando al afligido a examinar sus sentimientos y codicia por cosas inferiores, que luego lo compare con lo que tiene en Cristo, o que voltee su alma en otra dirección superior. El deleitarse es un mandato a los que son de la fe en Jesús.  Así que, sea esta tu oración: Señor, enséñame a deleitarme en ti.

 

Amén.

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