Meditación Diaria

Meditacion del 20 de Febrero

Texto: "De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien" (1Pedro 4:19).


Cuando es dicho que se haga la voluntad de Dios con ligereza, será hecha forzadamente y de último, pero hacerla bien requiere que sea libre y de primero. Si una ciudad ha sido sitiada y después de muchos ataques es capturada, la ciudad no se rindió, sino que fue vencida. Tampoco puede decirse que nos hemos encomendado a la voluntad de Dios, si para ganarla Dios tiene que darnos martillazos hasta quebrar la voluntad. De manera que una cosa es que nos quiebren la voluntad y otra es que la hayamos cedido libremente a Dios. Cuando Faraón se le agotaron los recursos para impedir la salida de los israelitas, entonces renunció a su voluntad y los dejó salir: "E hizo llamar a Moisés y Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho" (Ex.12:31).

 

El resignó su voluntad a la de Dios ya que no podía hacer otra cosa. Hacer la voluntad de Dios o encomendarnos a Su voluntad, no es forzada, ni al final; sino libremente y desde el principio. Jesús no dijo: Mi Padre me ha mandado a beberla, sino: "¿No la he de beber?" (v11); Sus palabras denotan un firme resolución. No de último, sino libre y de primero. No mencionó la necesidad de honrar las Escrituras, sino la voluntad del Padre. El tuvo en consideración las Escrituras y eso es obvio por Sus palabras, pero la esencia es que cumplió la voluntad del Padre por un principio de amor. Semejante lenguaje encontramos en José cuando fue tentado: "¿Cómo, pues, haría yo esta gran maldad y pecaría contra Dios?" (Gén.39:9).

 
En las palabras de Cristo hay algo más que simple obediencia. Es como si dijera: "Es mi Padre, El me ha mandado a beber esta copa, ¿cómo no la beberé?" Esto es lo que ha de mover la obediencia de cualquier cristiano, el amor. El amor es el cumplimiento de la Ley; así fue en Cristo, en los apóstoles y en todo verdadero Creyente. Alguno preguntará: ¿Cuando hacer esta encomienda de nuestras almas a Dios? y ¿haciendo que cosas nos resignamos a la voluntad del Padre?  La respuesta en sentido general es esta: "Cada día muero" (1Co.15:3). Esta es una obra diaria, pero especialmente frente a los sufrimientos, el apóstol Pedro lo particulariza así: "De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien" (1Ped.4:19).

 

Amén.

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