Meditación Diaria

Meditacion del 28 de Abril

Texto: "El malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso, y desprecia a Jehová." (Salmos 10:3).


Hay pecados que al impío le avergüenza que otros lo descubran, pero con la codicia no sucede así, más aun, cuando otros males decaen la codicia en ellos crece; mira el énfasis que hace Cristo con relación a esta plaga: "Y les dijo: Mirad, guardaos de toda codicia" (Lc.12:15); nótese que dice: "Mirad, guardaos"; porque contra este pecado hay que tener doble guarda, y esto así porque muchos otros pecados son fácilmente descubiertos, pero este se trata de  un pecado secreto, que constantemente obra contra el alma, y por más mal que pensemos contra este mal siempre nos quedaremos cortos de ver la profundidad de su maldad.


La codicia destruye el principio que actúa en nosotros para llevarnos a la obediencia Cristiana: "Si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en él" (1 Jn.2:5); la fe actúa por el amor a Dios, y si este no se encuentra, entonces no se podrá servir al Señor. Así como el imán atrae el hierro; la codicia las tentaciones: "Porque los que desean enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas que hunden a los hombres en ruina y perdición" (1Ti.6:9-10). Más aún, la codicia impide recibir el bien del alma, en particular las verdades que pueden reformar nuestras vidas. Ella nos llena de prejuicios contra lo que no es hablado de parte de Dios para, y que tienen que ver con la vida en el otro mundo, mire como lo prueba este texto: "Los fariseos, que eran avaros, oían todas estas cosas y se burlaban de él" (Luc.16:14); si este mal tapa el oído a la verdad, con mucho más razón es un estorbo a la obediencia.


¿Cómo determinar si uno es culpable de ser codicioso? Para contestar ha establecerse primero que esta enfermedad del alma es hereditaria, mucho más común de lo que uno pueda imaginar: "Desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia" (Jer.6:13); eso en general, pero más particularmente puede ser descubierta por el temperamento de los pensamientos: "El avaro maquina pensamientos para enredar. Más el generoso pensará generosidades" (Isa.32:7-8); las deliberaciones y debates del alma revelan su carácter. Inclina, pues, tu alma a la generosidad, no tanto acumular o desear sólo para ti, que el espejo de tus deliberaciones no sea el egoísmo sino el favorecer al prójimo con tus bienes.

 

Amén.

 

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