
Texto: “Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido en
Cristo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales” (Efesios 1:3).
Las misericordias de este,
mundo son temporales, duran por un tiempo, pero luego se pierden, pero las
celestiales son para siempre, las posesiones en el cielo no se pierden, y entre
estas la principal es nuestra elección. Las aguas son más dulce y frescas en la
fuente, y las bendiciones del Creyente son allá arriba. El entendimiento nos
fue dado para pensar de Dios y conocerle, de manera semejante, la lengua es
para hablar bien de Dios y alabarle. Es cierto que las acciones de gracias en
nada le benefician, pero el asunto aquí no es por beneficio, sino que es Su
voluntad que lo hagamos porque El se agrada en ello. Cuando le damos gracias
reconocemos lo que ha hecho por nosotros y por otros, y como nos está
beneficiando continuamente, entonces hay que hacerlo siempre.
Estas acciones de gracias deben empezar y ser más ferviente por el valor del
favor, entonces las que tienen por causa lo espiritual deben ser las mejores,
porque exceden con creces las temporales o terrenales. Dios no elige a todos,
ni muchos sabios, ni prudentes. A muchos otros los deja perecer en sus propios
engaños. Esto significa que el juicio de Dios sobre los impíos amplifica el
valor de Sus misericordias con nosotros los que creemos: “Entonces comenzó a
reprender a las ciudades en las cuales se realizaron muchos de sus hechos
poderosos, porque no se habían arrepentido… En aquel tiempo Jesús respondió y
dijo: Te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la
tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y entendidos, y las has
revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Mat.11:20,25-26). Todo
eso lo hace el Señor de pura Gracia, no hay méritos en nosotros. Este fue su
gran diseño, que Su Gracia pudiera ser admirada y estimada por nosotros y sea
tema de acciones de gracias y alabanzas por siempre.
Esta doctrina suele traer tres grandes beneficios para el alma Creyente:
Combate contra el orgullo humano, porque nos enseña que no tenemos nada bueno
de nosotros mismo, sino que todo es por la Gracia y misericordia de Dios. No
solo abate el orgullo humano, sino que también exalta la gloria de Dios sobre
las criaturas; su amor nos impulsa alabarle. Y por último es fuente de sólido y
verdadero consuelo al alma, porque la final felicidad se basa en el amor
electivo del Señor, y no de las criaturas.
Amén