Meditación Diaria

Meditacion del 1 de Julio

Texto: Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca la mano” Marcos 3:1).


Nuestro pasaje se inicia con estas palabras: "Otra vez entró Jesús en la sinagoga", fue siempre Su costumbre estar presente en el lugar donde el pueblo se reunía para adorar al Creador. Y no será extraño que algunos de los enemigos de Cristo tengan por costumbre estar presente en la Casa de Dios, no sólo estaban allí los fariseos, sino también los herodianos. Pero no pocos opositores de Dios que han sido conquistando por su amor en este mismo lugar, la Iglesia. Debe, pues ser la actitud de los que siguen al Cordero donde quiera que va, imitar su buen ejemplo.  Sabiendo Jesús el aborrecimiento que sentían por El, no dejó de amar sus almas, aprovechó la oportunidad para hacer lo que fue su deleite siempre, y más en los días de Reposo, obras de misericordia.


Hay personas que tienen poco que hacer por sí mismos, pues algún impedimento físico no les deja trabajar con sus propias manos, sin embargo tienen la posibilidad de hacer mucho por el bien de sus almas. Entre ellos, ricos que tienden a la vagancia, los ancianos que casi están apagados, los débiles y los enfermos. Hacer como hizo este lisiado de las manos: "Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca la mano" (v1). El individuo era lisiado de una mano, no obstante estaba presente en la Sinagoga, estaba en busca de Dios aunque todavía no lo había encontrado.


Por otro lado, la ocasión fue muy propicia para los fariseos manifestasen su malicia. El sábado fue un día de gran veneración para los judíos, y ellos pensaron que era excelente oportunidad para ensuciar la reputación de Jesús o blasfemar Su nombre a los ojos del pueblo. En el caso de que Jesús sanase al lisiado de la mano, ellos levantarían las denuncias contra El y parecería que su apreciación era justificada, ya que pensaban que Jesús era un impostor, los demás verían más claro lo que ellos antes habían denunciado: "Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle" (v2). Para ellos su maldad anticipa su ventaja, se inició la operación de su caso. Es posible que Jesús haya visto con ojos de compasión al lisiado, pues el relato no dice que el hombre haya solicitado favor alguno, y los fariseos al observarlo pensarían que la oportunidad era buena, si se tienen en cuenta lo ocurrido ese mismo día: "Aconteció que Jesús pasaba por los sembrados en sábado, y sus discípulos se pusieron a caminar arrancando espigas" (2:23). Estaban enojados porque Jesús hacia bien en día de reposo.


Jesús les hace la pregunta: "¿Es lícito en los días de reposo sábado hacer bien o hacer mal; salvar la vida o quitarla?" (v3). El caso del paciente era digno de la mayor compasión, en cambio el público pensaba lo contrario. Ellos en lugar de orar e interceder por el bien del prójimo usaban la situación del prójimo para alimentar su maldad. Si el lisiado hubiese sido sanado en una clínica o un hospital por un método ordinario que tomara quizás un año la cura, ellos no tendrían problemas con eso, pero si el milagro se hacia ahora, en un instante, entonces se enojarían. Los límites de maldad a donde puede llegar el corazón incrédulo son inconcebibles.


Cristo no se acobardó. Su corazón siempre estuvo sintonizado en hacer el bien, aun cuando los malos se molestaran.

 

Amén.

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