
Texto: “Señor,
¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los
consuma?” (Juan 9:54).
Es cierto que fueron impacientes o intolerantes con las debilidades ajenas, sin
embargo actuaron como verdaderos discípulos, ya que no se limitaron a pedir
fuego sobre los Samaritanos, sino que preguntaron al Maestro. La pregunta fue
inmisericorde, pero consultaron. Es cierto que Jesús tenía poder para mandar
sobre los cielos y la tierra, pero limitado a libertar las almas del pecado, no
era para tanto. Esos dos, le dieron un dedo y se cogieron el codo. Un verdadero
discípulo de Cristo es como el automóvil que no va a otro lugar, sino sólo a
donde el conductor lo dirija. Es como si ellos hubiesen preguntado: ¿Debemos
dirigir el carro hacia allá? Pregunta: ¿Donde reside su falta? Fue
doble, presumidos, y con deseos de venganza personal.
Su arrogancia fue que no preguntaron si su moción era de Su agrado, sino
que lo dieron como un hecho. Eso es soberbia o arrogancia. Pidieron permiso y
eso es correcto, pero sin la voluntad el Señor consideraron correcto enviar
fuego. El hecho de preguntar tal asunto deja entrever como si pensaran que
Jesús se lo aprobaría, lo cual se constituye en ofensa contra el santo carácter
del Señor. “Perdieron la chaveta”. Se hicieron crueles y vengativos. Su celo,
no era de elogio, sino de censura. Pidieron igual trato que a Sodomitas, cuando
la falta de aquellos samaritanos había sido simple descortesía.
Lo otro fue venganza cruel. Volvamos a leer: “Más no le recibieron,
porque su aspecto era como de ir a Jerusalén” (Jn.9:53).
Es muy probable que si Jesús hubiese venido como simple hombre y vestido para
ir a Jerusalén le habrían recibido, pero no le recibieron porque se dirigía
hacia la fiesta en Jerusalén, de modo que el rechazo no fue a Su Persona, sino
a su nación, y quizás por el maltrato que habían recibido de los judíos en el
pasado. No hubo rechazo del Hijo de Dios, ni blasfemia, ni injurias, ni
asaltos, ni persecución ni opresión. Todo se reduce a esto: “no le recibieron”.
¿Merecía eso ser arrasados con fuego de la faz de la tierra? De ninguna manera.
Oigamos el merecido que Jesús había dicho que se aplicara: “Y dondequiera que
no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies
en testimonio contra ellos” (9:5). Y eso debía ser pronunciado sólo cuando
fuesen rechazados como predicadores del Evangelio, pero aquí no se trata de
eso, sino de simples viajeros que le han negado hospitalidad. Cuando
corresponda, pues, hacer juicio en nombre del Señor no ir más allá de lo que El
mismo ha establecido en Su Palabra. No pongamos la misma medida a las ofensas
contra el Señor, hay grados.
Ahora aprende esto: El Señor toma ocasión de tu sentido de debilidad para
abrirte la llave de Su Gracia. El es el Único y sabio Dios; esto es, que puede
hacer que tu sentido de debilidad o impureza abunde para Su gloria. Leamos:
“Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que
mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces
volviéndose él, los reprendió… ” (v54-55) nótese el "entonces", lo
cual dice que tan pronto como Jesús vio su desacierto, entonces les trajo Su
ayuda de corrección.
Ahora examinémonos, y usemos nuestras debilidades para ir a Cristo por ayuda,
porque Su oficio es perfeccionarnos y salvarnos para siempre.
Amén.