
Texto: "El que creyere no se apresure"
(Isa.28:16).
Es claro de nuestro texto, lo que el precepto divino establece con relación al
ejercicio de la fe en Dios. Entiéndase que quien espera en el Altísimo no es
precipitado. Una de las maneras más usual de tentar a Dios es cuando somos
impacientes esperando Su ayuda, como si nos ofendiera la senda que El ha
establecido para hacerlo. Espera, pues, en la misericordia divina en el poder,
la bondad, y en los términos del cielo, y no en los de la tierra.
Por tanto, cuidémonos de no limitar el poder de Dios en nuestras imaginaciones,
o pensar que Dios solo puede actuar según nos parezca.
Entiende, pues, que seria un gran pecado limitar la misericordia de Dios, como
también limitar Su poder en tu corazón. Se tienta a Dios con respecto a Su
providencia, cuando establecemos en nuestro corazón el tiempo, la manera y los
medios de El obrar; esto lo hacemos al limitar Su sabiduría y poder, como si el
Creador no pudiera hacer mas de lo se concibe como probable, o que nada mas
puede ayudarnos como pensamos, como aquel niño que al iniciar sus estudios de
aritmética concluyo que el numero nueve solo es posible al sumar seis mas tres.
Para que la impaciencia no te coja desprevenido, ten presente, que recibirás
una sentencia de muerte, antes de una gran misericordia.
En muchas cosas hay un analogía entre los eventos de la naturaleza y la vida
espiritual; es cierto que a menudo se verifica, que después de la tempestad
viene la calma, o que nunca es mas oscuro que cuando va amanecer; y semejantes
experiencias vemos en las vidas de los grandes santos, las cuales han de ser
como dirección y ejemplo para nosotros.
Veamos esto en la vida del patriarca José: "Israel amaba a José mas que a
todos sus otros hijos porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica
de diversos colores. Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos
ellos, le aborrecían y no podían hablarle pacíficamente. Y cuando pasaban los
mercaderes madianitas, sacaron a José, subiéndolo de la cisterna, y lo
vendieron a los ismaelitas por 20 piezas de plata. Estos se llevaron a José a
Egipto. Sucedió que cuando su señor oyó las palabras que le hablaba su mujer,
diciendo: Así me ha tratado tu esclavo", se encendió su furor. Tomo su
señor a José y lo metió en la cárcel, en el lugar donde estaban los presos del
rey, y José se quedo allí en la cárcel. El faraón dijo a José: Puesto que Dios
te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan entendido ni sabio como tú. Tú
estarás a cargo de mi casa, y todo mi pueblo será gobernado bajo tus órdenes.
Solamente en el trono seré yo superior a ti" (Gen.37:3-4;28;39:19-20;41:39-40).
Y lo mismo se puede decir de David que fue rey en sufrimientos, antes de que la
corona de Israel fuera puesta sobre su cabeza.
Entonces, es bueno saber en nuestra lucha contra el desánimo espiritual, que
Dios usualmente guiará Su pueblo a una gran misericordia, no sin antes poner
una sentencia de muerte sobre todos los medios que tienden a esa gran
bendición.
Amen.