
Texto:
"Naamán descendió, y se zambulló siete veces en
el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como
la carne de un niño, y quedó limpio." (2 Reyes 5:14).
La palabra del varón de Dios fue una reprensión, o que la reprensión fue el
medio para humillarse. Esto es, que la cura fue manifiesta tan pronto él hizo
uso de los medios que se le habían indicado. Es casi siempre así, que segundos
pensamientos son mejores que primeros, pues Naamán
cedió a la insinuación de esos segundos e hizo el experimento y fue sanado. Cuan
consolador y estimulante es esta historia desde el punto de vista de la
misericordia de Dios, porque el Señor honró Su palabra dada por medio del
profeta, a pesar de la incredulidad de Naamán:
"Su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio" (v14). Viene
a nuestras mentes lo dicho por el salmista: "Me postrare hacia tu santo
templo, y alabare tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; porque has
engrandecido tu nombre y tu palabra sobre todas las cosas" (Sal.138:2),
cuan agradable y consolador saber que Dios es fiel a Su Palabra y a Sus
promesas, a pesar de nuestras debilidades e infidelidad.
Por tanto, aunque los medios bíblicos te parezcan no tener conexión con el fin,
Dios los ha unido para ese fin, no lo desprecies. El Señor había resuelto curar
y salvar a Naamán, pero Naamán
quiso escoger otro camino más de acuerdo a su imaginación y concepto, por eso
aunque el consejo del Redentor te parezca extraño, escoge el Suyo y no el tuyo
para que te vaya bien. Cristo le puso lodo en los ojos a un ciego para curarlo
(Jun.9:6-7), algo extraño a nuestra razón, pero el ciego fue obediente cuando
se le dijo ve y lávate en el estanque de Siloé, y los
ojos le fueron abiertos. Haz tú lo mismo, aunque el Evangelio te parezca
contrario a tus deseos mundanos, sométete a Dios y te irá bien. Dios te va
hacer el bien, pero eso no anula que tú debes obedecerle, las dos van juntas. Asunto
muy claro en este ejemplo de la curación de Naamán. Lo
mismo es visto en Pedro quien se sometió a ser lavado, aunque no podía ver los
beneficios: “Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas
los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora;
mas lo entenderás después” (Jn.3:6-7).
Amén.