Meditación Diaria

Meditación del 9 de enero

Texto: "Oh Jehová, si tienes presente los pecados, ¿quien podrá, oh Señor, mantenerse en pie?" (Salmo 130:3).


Nuestro texto enseña que Dios tiene un tribunal o corte de justicia. Si Dios nos examina según Su justicia, entonces nadie podría permanecer de pie. Mire la prueba de eso: David, un rey, un profeta, un hombre según el corazón de Dios, amado de su pueblo, maravillosamente bendecido, y aun así atribulado de su pecado, no podía estar en pie, estaba tumbado, amargado. Consciente de su debilidad y de su profunda necesidad. Pero como en Dios hay misericordia el salmista apela a la ventanilla de Su Gracia, la cual esta abierta para todos los pecadores.


Se nos ocurre decir, que debemos ser muy cuidadosos cuando estamos hablando a nombre de Dios, pues hay asuntos que requieren mucho conocimiento de la voluntad de Dios para poder hablarlos con la debida propiedad y balance. Pero cuando se trata del perdón divino podemos hablar a boca abierta, y proclamar a los cuatro vientos del planeta: "Dios es un Dios perdonador y se deleita en perdonar". Es esta doctrina, una de las más importantes de toda la Biblia, sino la más importante. No hay riesgos en decir, que el Nombre de Dios es este: "Dios que perdona" (Neh.9:17).


La palabra perdón supone por lo menos una falta, se asume que ha habido pecado, y el pecado significa, que la ley ha sido violada. Ahora bien, ¿que es el pecado? el apóstol Juan lo define así: "El pecado es infracción de la ley" (1 Jn.3:4); esto es, no obedecer lo que Dios nos manda, o hacer lo que El nos prohíbe; en tal caso no hay conformidad a lo que El pide. De manera que, robar, mentir y matar es pecado, como también codiciar lo ajeno. Las inclinaciones del corazón son pecado como también los actos contrarios a ley de Dios. Debemos distinguir el pecado de la agravación del pecado. Un tumor es una enfermedad, pero también puede agravarse y finalmente matar. Un pecado es pecado, tanto en los pensamientos, como en la comisión del hecho, con la diferencia que al cometerse se agrava el mal. La fornicación es la agravación de la codicia. Raíz y fruto, son malos. Al oír estas enseñanzas caemos todos bajo una conciencia culpable, pues aunque algunos no son tan malos como pudieran ser, sin embargo son tan pecadores como los demás, están tan enfermos del mismo cáncer que los otros, solo que su mal no se ha agravado. Tanto a unos como a otros hay que curarlos del cáncer del pecado, porque ningún ser humano puede decir que esta sano de este mortal mal que mata el alma. Si pudiera oírse una voz del cielo diciendo: ¡Pónganse de pie los sanos! De seguro que nadie podrá: "Todos quedan bajo el juicio de Dios" (Ro.3:19).

 
Cometer el mal es un acto transitorio, y los placeres del pecado se desvanecen, pero la culpa permanece para siempre en los registros de la conciencia, a menos que Dios la perdone; eso es lo que expresa el profeta cuando dice: "El pecado de Judá escrito esta con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido esta en la tabla de su corazón" (Jer.17:1); esto es, que cuando los libros de la conciencia de cada hombre sean abierto en el día del juicio final, todos y cada unos de los pecados serán descubiertos, y lo que estuvo tapado con el polvo del tiempo, será visto delante de los ojos de cada uno para vergüenza y confusión perpetua. Ese sentido de vergüenza que experimentamos cuando nuestras faltas son puestas al descubierto, será traído al corazón por el juicio de Dios, y nunca mas se apagara ni disminuirá, sino que ira en aumento. Cuan miserable es la vida de un hombre cuyos pecados no han sido perdonados. En nuestro contexto es absoluto cuando se proclama: "Pero en ti hay perdón" (Sal.130:4), no creo que haya un "pero" mejor colocado que el que esta en dicho texto, que hermoso y dulce es ese "pero".


Es certísimo e innegable que somos pecadores, que nuestras conciencias están contaminadas de tanta culpas, pero en Dios hay perdón.

 

Amen.

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