
Texto: "El amor de Cristo nos constriñe,
pensando esto: que si uno murió por todos, todos murieron; y por todos murió,
para que los que viven ya no vivan para si, sino para aquel que murió y
resucito por ellos" (2Co.5:14-15).
El amor a Dios es el gran principio espiritual que nos lleva del YO a Dios;
nótese como lo dice el apóstol: "El amor de Cristo nos constriñe";
como si esto fuese el comienzo de todo su discurso, porque es de aquí de donde
el arranca y saca fuerzas.
Tal como el amor propio de un hombre lo inclina a buscar el bien de su
propio YO. Y hay aquí una poderosa enseñanza para reformar nuestras luchas
contra los deseos del Yo natural; de otro modo: "La auto negación nunca
será tan poderosa y conquistadora, a menos que este motivada por el amor a
Dios. El amor a Cristo es el mismo corazón de la auto negación".
Cuando un hombre ama sinceramente a Dios, entonces tal hombre podrá sufrir
todas las humillaciones, adversidades y peligros y soportarlo con gozo. El
martillo que saca el clavo del yo natural, para meter con éxito el clavo de la auto negación, es el amor a Dios. Para entrar por la
puerta estrecha que lleva a la vida, no hay elixir más poderoso que el amor a
Dios que nos viene por medio de Cristo.
Este amor es algo tan fuerte, que se hace más poderoso que el instinto natural
de conservación que usamos para proteger la vida. Para sujetar y vencer lo
natural se necesario un poder sobre natural: "Y ellos lo han vencido por
causa de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, porque
no amaron sus vidas hasta la muerte" (Apoc.12:11).
No hay agua en toda la creación que pueda apagar el fuego del amor a Dios en el
corazón del Creyente.
Más aun, que el amor a Dios esta mas cerca de nosotros y actúa con mas poder en
uno, que cualquier otra pasión en nosotros mismos.
Veamos un ejemplo del poder de este amor en uno y reflejado en otro, David
frente a la persecución de Saúl, por amor a Dios le perdono la vida, y mire la
reacción de Saúl: "Luego dijo a David: Tu eres mas justo que yo, porque tu
me has tratado bien, cuando yo te he tratado mal. Tú has demostrado hoy que me
has hecho bien, porque Jehová me entrego en tu mano, y tú no me mataste. Y Saúl
regreso a su casa" (1Sam.24:17-22).
Cristo tiene el poder de quitarnos la miserable vida que llevamos, y en lugar
de justamente destruirnos entrego Su vida por nuestro pecados y nos salvo.
Usualmente somos afectados por lo que los demás sufran por nosotros, que lo que
puedan hacer por nosotros. Es una ley del cielo que amor con amor se paga. No
nos cansemos, pues, de bendecir, de esforzarnos para
pagar los votos de amor y obediencia total que debemos al Señor Jesucristo.
El ejemplo general y particular a seguir lo dice así: "Yo no busco
mi gloria" (Jn.8:50). Y en otro lugar se agrega:
"Porque ni aun Cristo se agrado a Si mismo" (Ro.15:2).
Surge una pregunta: ¿Cuando uno sabe si se está agradando a si mismo? Cuando
estés más atento a los resultados, que al cumplimiento del deber frente a Dios.
Será de muy pobre resultado cuando los hombres al final de sus vidas se den
cuenta que gastaron sus vidas en vanidad, en lo que no aprovecha al alma. En
cambio será de inefable gozo y consuelo, cuando puedas decir tal como
dijo el apóstol: "He peleado la buena batalla; he acabado la carrera; he
guardado la fe. Por lo demás, me esta reservada la corona de justicia, la cual
me dará el Señor, el Juez justo, en aquel día. Y no solo a mi, sino también a
todos los que han amado su venida" (2Tim.4:7-8).
Asegurare, pues, de preferir los intereses de Cristo antes que los tuyos
propios. Porque si por amor a Dios puedes olvidarte de ti mismo, entonces el
Señor se recordara mejor de ti. Esto es, que tomes el debido cuidado de tu
deber y Dios cuidara de ti.
Amen.