
Texto: “ Las cosas que se escribieron
antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y
la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15:4).
Aquí se nos dice que Las Escrituras son nuestras, de modo que si alguien está
pasando por medio de una tribulación, y por medio de la lectura de la Biblia o
por la predicación encuentra consuelo, esa consolación le capacita para que
luego pueda traer a otro que esté atribulado a la misma fuente de consuelo que
él ha recibido, que el bien se siga multiplicando, porque "Dios es Padre
de misericordias". Al escribir su experiencia el salmista hizo eso,
óigalo: “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban
mi alma” (Sal.94:19). Sobre el particular Lutero
decía más o menos lo siguiente: 'Un hombre que es muy bendecido, es un hombre
que ha sido muy atribulado."
Y el apóstol trae luego la razón o argumento de es manera o forma divina:
"Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo,
así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación" (2Co.5); esto
es, que las tribulaciones de los Creyentes son parte de los sufrimientos de
Cristo, y esta es la razón por donde comienza el consuelo en medio de nuestros
dolores, que son la manera de hacernos semejantes a nuestro Señor Jesucristo,
es esa la razón de la alabanza: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación”. Sólo en Cristo
podemos hallar la cruz y el consuelo; lo amargo y lo dulce. Lo bueno es mayor
que lo malo, y aunque las aguas de la aflicción inunden toda la tierra, el Arca
de Dios siempre estará por encima de las aguas.
Volvamos al salmista: “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus
consolaciones alegraban mi alma”; a este versículo se le pueden poner dos
etiquetas. La primera cláusula le llamaremos “lagrimas de un Creyente”, y a la
segunda, “sus alegrías”. Entonces cada una de tus lágrimas, amado hermano,
atrae consolaciones divinas. La tierra sería un infierno sin estos consuelos.
El infierno es un lugar donde no hay consuelos. Como no somos del infierno cada
vez que somos atribulados, de inmediato el celo dispone que mas temprano que
tarde vengan a los Creyentes lluvias de consolaciones.
De esta manera el Creyente en sus tribulaciones y aflicciones parece medio
confundido, pero en sus consuelos medio salvado o liberado.
Esto puede ser visto en la vida del hijo de David, el Mesías, unos lo pintaban
de incrédulo, y a otros les parece un verdadero Creyente. Unos lo meten al
infierno y otros lo sacan. La vida del Creyente sobre la tierra tiene semejanza
con esto, por un tiempo caen en aflicciones como si estuviesen en el mismo
infierno, y en otros tiempo saltan de alegría.
Amén.