Texto:
"De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus
almas al fiel Creador, y hagan el bien" (1Pedro 4:19).
Cuando es dicho que se haga la voluntad de Dios con
ligereza, será hecha forzadamente y de último, pero hacerla bien requiere que
sea libre y de primero. Si una ciudad ha sido sitiada y después de muchos
ataques es capturada, la ciudad no se rindió, sino que fue vencida. Tampoco
puede decirse que nos hemos encomendado a la voluntad de Dios, si para ganarla
Dios tiene que darnos martillazos hasta quebrar la voluntad. De manera que una
cosa es que nos quiebren la voluntad y otra es que la hayamos cedido libremente
a Dios. Cuando Faraón se le agotaron los recursos para impedir la salida de los
israelitas, entonces renunció a su voluntad y los dejó salir: "E hizo
llamar a Moisés y Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo
vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a
Jehová, como habéis dicho" (Ex.12:31).






