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Nuestro Blog

Jesús
Lo que el nombre "Jesús" nos revela sobre El Hijo de DiosLeer Mas

Nos Afanamos porque dudamos del Amor de Dios
¿De donde surge la ansiedad? ¿Cual es la raíz del afán?

Mateo 6:28-30 nos da la respuesta.

28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
¿Por qué nos afanamos por las necesidades temporales?Leer Mas

El Principio espiritual y la experiencia
El orden de la vida cristiana es así: Uno oye la verdad, luego asiente en el corazón o lo cree, y finalmente uno conforma la conducta a ese principio evangelico aprendido: “Conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad” (Ti.1:1). Esto es, que el fin o propósito del Evangelio es formar personas piadosas, o trasformarlos a la imagen de CristoLeer Mas

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Expositor: Juan José Pérez

Sermón: El celo que destruye y la gracia que salva

Descripción:

Expositor: Oscar Arocha

Sermón: La voluntad de Dios para ti

Descripción:

Expositor: Juan José Pérez

Sermón: El camino olvidado hacia la grandeza

Descripción:

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Meditacion del 8 de Abril

Texto: “Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura” (Números 13:31).


Subieron a investigar confiando en sus propias capacidades, y ahora se muestra la verdadera motivación o la realidad de sus almas, que no confiaban en Dios, sino en ellos mismos. Eso es idolatría: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.” (v31). Dios nunca les dijo que haría esa obra con el poder de ellos, sino con el Suyo: “Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo Jehová” (Exo.6:8). Así que, hubiese sido mejor examinar su propia debilidad, y no investigar la fortaleza de sus enemigos. Esa no era su tarea, sino confiar en la promesa divina. Si se hubiesen examinado, habrían visto sus debilidades, hubieran doblados sus rodillas en oración para mortificar el corazón incrédulo.

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