Texto: En aquellos días Ezequías enfermo de muerte. Y vino
a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo Jehová dice así: Ordena tu casa,
porque morirás, y no vivirás. Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e
hizo oración a Jehová..." (Isaías 38:1-8)
La luz es la gloria de esta creación, porque ella puede tocar todo, pero nada
puede tocarla, ni ensuciarla ni contaminarla, ni se combina con cosa alguna,
ella es el ornamento del mundo, es por esa razón que se le compara con las
verdades espirituales. Es tanta su hermosura que si estamos atravesando por
tiempos de calamidades, pero de pronto somos iluminados con el conocimiento
adecuado, entonces la carga de los problemas se aligera y lo que teníamos como
amargura es endulzado por la luz.
El propósito con el cual estudiamos la Palabra de Dios día tras día y semana
tras semana, es para aligerar nuestras cargas, salvarnos de nuestros enemigos y
enderezar nuestros pasos, reformar nuestra conducta. Hay una sombra que
constantemente nos persigue, por lo que debemos ser diestros en usar la luz del
Espíritu, para cuando esa sombra se pose sobre uno, tengamos consigo la
linterna de la palabra de Dios y caminemos sin tropezar. Nos referimos a la
sombra de muerte. Pero si somos poseedores de la luz, no en la cabeza, sino en
el alma, entonces ni la mancha de la muerte podrá contaminarnos, y eso que el
polvo de la muerte lo cubre todo. No hay nada en esta tierra que escape de las
garras de la muerte; hasta las piedras se destruyen, solo la luz esta a salvo,
ella ni envejece ni se corroe.







