Texto:
“Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo”
(Génesis 22:10).
Ahora ha llegado la hora cero. El patriarca fue muy sabio en que Sara no lo
supiera, y dejar los sirvientes al pie del Monte, porque uno se pregunta: ¿Qué
entrañas humanas desearían ver un espectáculo semejante? Un papá degollando su
propio hijo. Nadie lo vio, pues no sucedió, pero la idea solamente era para
estremecer al más fuerte.
Ahora la esperanza de la bendición a todas las familias de la tierra bajo el cuchillo
para ser degollado. Para un espectador cualquiera se trataba de un cuadro de
horror, en cambio para el ejecutante, un acto de gran fe. Abraham y su hijo por
obediencia e imitación sabían que la misma voz que ordenó la matriz de Sara
para que trajera a Isaac, también es capaz de resucitarlo de las cenizas del
holocausto.






