Texto: “Vuestra fe, mas preciosa que el oro
que perece, aunque sea probado con fuego, sea hallada digna de alabanza, gloria
y honra en la revelación de Jesucristo” (1 Pedro 1:7).
De la excelencia de la fe. Entre todas las gracias es la mas insignificante de
todas, porque no es un acto en si misma, sino un instrumento; ella tiene una
vida temporal, porque en el cielo ya no es necesaria, no es como el amor o la
humildad que son para siempre, de ahí que tiene, en comparación, menos valor
que las otras. Un sello de cera tiene mucho menos valor que una pieza de oro,
aun así puede ratificar un pacto que la pieza de oro no puede.
La parte de Dios en el Pacto es misericordia y la nuestra es solo fe. Es
maravilloso que la fe es lo que confirma el pacto de Dios con los Creyentes, y
que a su vez el pacto sea una promesa: "Para que en Cristo Jesús la
bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe
recibiésemos la promesa del Espíritu" (Ga.3:14);
la fe es lo que contesta, cumple y satisface todas las demandas y exigencias
que el pacto de Dios hace a los Creyentes; que el pacto no dependa de nosotros,
sino de Dios y sus promesas; de parte nuestra solo recibir lo que El da en
Cristo Jesús, Señor nuestro.






