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Roboam, dejando el consejo que le dieron los
ancianos, tomó consejo con los jóvenes que se habían criado con él, y que
estaban a su servicio” (2 Crónicas 10:8).
Es un arte no sólo buscar el consejo, sino también saberlo buscar, pues podría
uno encontrarlo y seguir actuando como si no se hubiese recibido. El hecho de
que Roboam el hijo de Salomón consultara sus
compañeros fue muestra de su debilidad para pensar y apropiarse de lo correcto,
porque los ancianos de Israel le habían dado acertado consejo, sustentado por
la sabiduría y amor a su padre Salomón. Pudiera ser correcto consultar
los jóvenes, y luego con los mayores, lo que no parece sabio es descender de
las canas a los que todavía están con sus juguetes.
La edad trae experiencia y sería una vergüenza que los años no traigan
sabiduría. En cambio la juventud suele ser presurosa, soldada a su voluntad
carnal, muy guiada por sus sentimientos, insolente, contraria a la razón y bien
juicio, buena para ejecutar, pero no tanto para aconsejar. Como dice el refrán:
La madera verde se dobla fácil, en cambio la añeja es constante y firme.






