Texto: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo;
si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y el
conmigo" (Apocalispsis 3:20).
Para meditar sobre este verso consideremos la Majestad de Cristo el cual es
Dios sobre todas las cosas. Todo el universo es como un grano de polvo delante
de El, y los hombres son como nada. Todo poder en los cielos y en la tierra es
suyo, y la gloria que tiene esta lejos de poder ser expresada. "Los cielos
de los cielos no pueden contener su grandeza." Además que El es infinita
mente feliz y glorioso; si el hombre no hubiese sido nunca creado, con todo y
eso su gloria y toda suficiencia no es afectada; no tiene necesidad de
nada ni de nadie.
El hombre lo más que puede hacer con referencia a Dios es conocerle, pero
en el conocimiento de un ser nosotros no afectamos en nada a ese ser, con
conocer algo no añadimos ni quitamos nada , lo más que podemos hacer es
tomar noticia de El. El sol no disminuye ni aumenta su lustre porque le miremos.
Si pudiera decirse que Dios necesitase de algo, su necesidad es hacer al hombre
feliz, salvarlo del pecado y de la condenación eterna en el infierno, en
nuestro texto se aprecia el deseo ferviente que expresa Cristo por ser
compasivo para los hombres.





