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Nuestro Blog

Cuidado con Pedir Mal
Santiago 4:3-5 - Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?
El texto enseña que se puede orar incorrectamente. “Pedís mal”. Oras mal cuando lo que le pides a Dios es para gastar en tu deleites. El apóstol Santiago le llama adulterio. Nuestra traducción de la Biblia dice “Oh almas adúlteras”, pero en el original es una sola palabra, “adúlteras”. Y es femenino a propósito. La iglesia, los creyentes, son la esposa de Cristo según Efesios 5 y el pueblo de Dios es representada como su esposa en Ezequiel 16.Leer Mas

El Discernimiento
Las palabras de este Blog son para hacer una mirada breve sobre esa virtud espiritual, llamado también buen juicio o discernimiento, en orden que glorifique a Cristo y aprobar lo mejor para nuestras almas.Leer Mas

Jesús
Lo que el nombre "Jesús" nos revela sobre El Hijo de DiosLeer Mas

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Expositor: Ramón Peña

Sermón: Vivir en la tierra, enfocado en el cielo

Descripción:

Expositor: Juan José Pérez

Sermón: Entre intención y entrega: el verdadero discipulado

Descripción:

Expositor: Juan José Pérez

Sermón: De la gracia al sello

Descripción:

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Meditacion del 29 de Abril

Texto: "La envidia es carcoma de los huesos" (Proverbios 14:30)


Nuestro texto dice que la envidia no solo es un pecado, sino también un tormento: "Es carcoma de los huesos". El hombre envidioso es empobrecido por las riquezas del otro, y atormentado por la felicidad ajena.

 
Un autor de novelas relataba que en cierta ocasión se había encontrado una serpiente en el corazón del cadáver de una mujer. Pero el envidioso tiene una culebra en su pecho, que lo atormenta continuamente mientras está vivo. De todos los espíritus que suelen tomar el corazón humano este es uno de los más torturante, corroe y agobia el alma de quien le tome posesión. Su perjuicio no es como las caries o una inflamación de la piel, sino que se mete mucho más profundo, trabaja arruinando, tal como la carcoma, que no se ve hasta que ya no hay remedio. La envidia actúa contra los huesos, entiéndase que destruye internamente.

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