Texto: "Acuérdate de la palabra dada a tu
siervo, en la cual me has hecho esperar" (Salmos 119:49).
El salmista habla como si Dios se hubiese olvidado, algo que no puede ocurrir.
Hay una verdad encerrada aquí que nos anima, y es esta: Que el corazón de Dios
esta tan entusiasmado con Su pueblo que no se aguanta hasta que el regalo sea
recibido por Sus hijos, y por eso se lo anuncia antes de dar o hacer el bien
que tiene en Sus planes para Su pueblo, como si Su promesa fuese una radiación
de Su amor. Se agrada introducirnos en el ambiente del agradable olor de la
comida, antes que la comamos.
Cuando alguien promete algún bien, desde antes se hace deudor, pues estaría
empeñando su palabra. El creer o confiar en la palabra de fe es hacer al Señor
deudor nuestro por Gracia. En parte, esa es la hermosura del Evangelio, que Dios
se ha comprometido con los que creen en Su palabra: "No profanaré mi
pacto, ni cambiaré lo que ha salido de mis labios" (Sal.89:34); las
palabras que salen de la boca de Dios no tienen reversa ni segundos
pensamientos. Es en base a esta verdad que los Creyentes pueden pedir con
libertad y confianza sobre lo que El ha prometido. Sería un poderoso argumento
que puedas pedirle no más de lo que Dios ha prometido.





