Texto: “Y
aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido
perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación.” (Hebreos 5:8).
El maestro del Señor Jesús en Su ministerio terrenal fue la paciencia, la cual
alimentó su experiencia, o que sintió la adversidad y agregó sentido espiritual
a su fe y discernimiento. El corazón de Cristo fue un océano de amor por los
hombres; no obstante le fue necesario aprender misericordia y compasión por
nosotros en una manera experimental. Entonces la perfección o madurez
espiritual no es posible sin la compañía del tiempo, o más específicamente de
la experiencia, que los sentidos espirituales, no los corporales, maduren con
el vivir Cristiano, y en particular con el sufrir por amor a la verdad, o el
amor por el Evangelio, óigalo: “Porque convenía a aquel por cuya causa son
todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar
muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la
salvación de ellos… Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso
para socorrer a los que son tentados” (Heb. 2:10,18).
Dios educaría Su Hijo en todas las facultades y lecciones de un ser humano, o
que pasó por el camino del conocimiento experimental hasta la perfección. O que
el conocimiento espiritual o discernimiento se perfecciona con la experiencia.






