Texto: “Señor,
¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los
consuma?” (Juan 9:54).
Es cierto que fueron impacientes o intolerantes con las debilidades ajenas, sin
embargo actuaron como verdaderos discípulos, ya que no se limitaron a pedir
fuego sobre los Samaritanos, sino que preguntaron al Maestro. La pregunta fue
inmisericorde, pero consultaron. Es cierto que Jesús tenía poder para mandar
sobre los cielos y la tierra, pero limitado a libertar las almas del pecado, no
era para tanto. Esos dos, le dieron un dedo y se cogieron el codo. Un verdadero
discípulo de Cristo es como el automóvil que no va a otro lugar, sino sólo a
donde el conductor lo dirija. Es como si ellos hubiesen preguntado: ¿Debemos
dirigir el carro hacia allá? Pregunta: ¿Donde reside su falta? Fue
doble, presumidos, y con deseos de venganza personal.






