Texto: “Yo dije en medio de mi
tranquilidad: No seré movido jamás. Tú, oh Jehová,
por tu buena voluntad estableciste mi monte con poder. Pero escondiste tu
rostro, y quedé turbado… Escucha, oh Jehová, y ten
misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador" (Salmos 30:6-7,10).
Cuando el salmista estuvo disfrutando facilidad terrenal, entonces fue tentado
a confiar en su propio poder. Pero este texto enseña, que las cosas
terrenales no son dadas para nuestro mero descanso, tales como honor, dinero,
amigos, etc., más bien son dadas para nuestro disfrute y consuelo en el camino
al cielo, siendo la roca firme de sostén, no las criaturas, sino el Creador.
Las porciones aquí son para gastarlas o más bien invertirlas en nuestra
principal empresa que es el cielo. Dios ha sembrado la Gracia de la fe en
nosotros, para que nuestras almas puedan ser llevadas a El mismo y no se echen
sobre cosas vanas que perecen, hasta este punto son buenas si no confiamos en
ellas. Si confiamos en amigos o en cualquier buen estado, más que en Dios,
estamos haciendo ídolos de ellos. Un avaro es alguien que cree que el dinero le
resolverá todos sus problemas.





