Texto: “Dios temible en la
gran congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están
alrededor de él” (Salmos 89:7)
Este versículo dice que adorar a Dios debe ser el objeto único de nuestra
adoración, y eso por estas dos palabras: “Temible y formidable”. Cuando nuestros
ojos de fe están abiertos y lo ven, Su excelencia produce un sentimiento cuya
cualidad es concentrar nuestra atención, ya que el temor no nos deja poner la
vista para otro lado que no sea en el objeto al cual estemos temiendo. La
adoración pública demanda un concentración única en el
adorador. Entonces es nuestra labor llevar el corazón a ese estado de fe. En el
verso se ven dos asuntos: Los sujetos que adoran, y la manera de hacerlo. Los sujetos:
“Los santos, y todos cuantos están alrededor de él”. Esto es, los santos, los
Creyentes, o los verdaderos cristianos. El Papá, la Mamá, los hijos y los
visitantes. Tú y yo, los miembros y no miembros de esta Congregación de
redimidos. La manera de adorar: “Dios temible”; esto es, con compostura
de espíritu, reverencia o seriedad.





