Texto: “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia” (Proverbios
28:23).
Es claro que su tema es la amistad y la manera de cómo fortalecerla, o cultivar
mayor agrado con nuestro prójimo en una manera sincera, espiritual. Hay
aquí tres asuntos: El deber: “Reprender”; el objeto del deber: “Al Hombre”, y
la recompensa: “hallará después mayor gracia”. Veamos sus detalles.
El deber es reprender. No dice injuriar, ni difamar, ni maltratar, sino
reprenderlo. Lo cual supone que sabemos que ha cometido una falta digna de
amonestación, no decimos mera falta, pues hay faltas en los amigos que el amor
manda pasarla por alta, sino una que demande amonestación. Todos somos
pecadores, si somos honestos tenemos que estar preparados para recibirla y
administrar represión. El amor prohíbe el silencio. Por eso una mistad sincera,
por necesidad debe incluir estos reproches para bien del alma. Ahora bien, hay
que señalar que se trata de un deber circunstancial; esto es, en una situación
tal que estemos obligados hacerlo. Que el tiempo, lugar y condiciones lo
requieran, y si no lo hacemos, entonces caemos bajo culpa de desamor.
Pregunta: ¿En cuales circunstancias debemos reprender al hermano? La respuesta
es así:





