Texto: “Más
los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel
pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de
Israel, de la tierra que habían reconocido” (Números 13:32).
La incredulidad pone a los hombres actuar en contrario. La sabiduría de
aquellos israelitas era levantar la bandera y marchar hacia la conquista de Canaán, en cambio se sentaron, lloraron por miedo, y
levantaron sus voces en quejas y murmuraciones. La vara de los egipcios nunca
habría sido tan adecuada para todos ellos como ahora por llorar como niños lo
que debieron haber defendido como hombres. Si por algo debieron haber llorado
era por su pecado de desconfianza en las promesas de Dios. Lloraron por miedo a
enemigos imaginarios.






