Meditación Diaria

Meditacion del 24 de Abril

Texto: “Los caminos de la sabiduría son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, Y bienaventurados son los que la retienen” (Proverbios 3:17).


Al leer este verso notamos que fue escrito por un alma con fe verdadera, la Palabra de Dios no sólo es racional, lógica, de alta intelectualidad, también la recibe con gusto; es leche con sabor agradable: La dicha o deleite no es por simple oír, sino para los que son capaces de retener la verdad, y es retenida en un corazón donde haya suelo de fe o confianza en Dios, la senda de la sabiduría divina.


Son los Creyentes quienes en alguna medida pueden entender a Pablo cuando en ardiente pasión dice: “Ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Fil.3:8). Y en otro lugar agrega: “A Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento… A éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida” (2Co.2:14,16). Tal como el perfume es deleitoso, agradable, vivificante, así la Palabra de Dios en aquellos que aman a Cristo. Es Palabra con vida en sí misma, y da vida a los que la reciben con fe. Para resumir es: Que una revelación de Dios con claridad y seguridad al alma, no puede sino ser altamente deleitosa. Dicho de otro modo: El conocimiento de Dios produce deleite en el corazón del hombre o mujer creyente.


La iluminación o revelación divina que produce deleite ha de poseer siempre estos cuatro particulares: Por su asunto, manera, vigor y tendencia. El asunto revelado es Dios mismo a un corazón en fe. Le dice en esa iluminación que es Su expresa voluntad, que en Cristo el quiere ser nuestro Dios, lo cual genera y alimenta el deleite. La manera, con claridad y seguridad, produciendo en el corazón y voluntad la certeza que es nuestro deber recibirla. El vigor que le acompaña es fuerte, sentido, vital, es luz dulce, agradable como no hay otra. Y por último su tendencia, llevar el alma a unión con Cristo. Es una luz de tanto poder, que no sólo guía nuestros pasos con deleite, además sirve para alumbrar y perfumar a otros.

 

Amén.

 

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