Texto: "Y vio Jehová que la maldad de los
hombres era mucha en la tierra,
y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo
solamente el mal" (Gen.6:5).
El libro de Génesis o el primer libro de Moisés es un libro de generalidades,
no entra en los detalles particulares del mundo de entonces, y en este
versículo se nos prueba esa afirmación, ya que se nos da un titulo general de
la situación de maldad reinante en aquel entonces, aunque por el juicio que trajo
tenemos una idea a donde descendió el desenfreno de la naturaleza humana caída
en pecado.
La corrupción natural o pecado es un principio de rebeldía contra Dios, el ser
humano experimenta una fuerte e inexplicable aversión hacia lo divino, en cambio
disfruta lo pecaminoso. Los hijos de Adán están naturalmente dispuestos a
escuchar lo que causa error, oír la voz de Satanás, como esta escrito:
"Sin embargo, en una o dos maneras habla Dios; pero el hombre no
entiende" (Job 33:14).
Cuan a menudo los ojos de la cara ciegan los ojos del entendimiento, la
historia de Adán lo confirma: "Y vio la mujer que el árbol prohibido era
bueno para comer y que era agradable a los ojos" (Gen.3:6). Es decir que
el hombre nunca es más ciego a la realidad espiritual, que cuando esta mirando
objetos que son mas agradable a los sentidos carnales.
Para confirmar esta verdad daremos un corto recorrido sobre Gen.3:7-13, y
veamos en el espejo de las Escrituras el cuadro de nuestra naturaleza en la
vida de nuestros primeros padres tan pronto como el pecado tomo gobierno de
ellos.
Los hijos de Adán no tienen necesidad de que se les enseñe a cocer hojas de
higuera para cubrir su desnudez o vergüenza: "Y fueron abiertos los ojos
de ambos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas
de higuera, y se hicieron ceñidores" (v7). Cuando se arruinen a si mismo y
cometan actos vergonzosos, buscaran ayuda en ellos mismos y por ellos mismos;
harán cualquier esfuerzo para cubrir la vergüenza o culpa de sus pecados con
métodos naturales y auto engañándose, esta supuesta solución les será como el
pez en el agua o las aves en el aire.
Trataran de cubrir la culpa de sus conciencias con música y colores;
ninguno de ellos buscara cubrir sus pecados con la sangre del Cordero de Dios,
la piel del sacrificio.
Los hijos de Adán siguen el mismo ejemplo de sus padres, se esconderán de la
presencia de Dios: "Cuando oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en
el jardín en el fresco del día, el hombre y su mujer se escondieron de la
presencia de Jehová Dios entre los árboles del jardín"(Ge.3:8). Somos tan
ciegos, que como el trataremos de escondernos de Dios entre las sombras de los
árboles. Nos prometemos seguridad en los pecados secretos, que en uno que es
abiertamente cometido: "El ojo del adulterio esta aguardando la noche,
diciendo: No me vera nadie" (Job 24:15). Los hombres harán en secreto, de
lo que se avergonzaran hacerlo delante de un niño, como si la oscuridad pudiera
esconderlo de los ojos de Dios, ellos tienen a Dios como si viera igual que los
hombres.
Somos descuidados de la comunión con Dios y adverso a ella. En toda buena
comunión de los hombres con Dios, Dios siempre dacha el primer paso. Cuan
lentos son los hombres para confesar su pecado y tomar la culpa y la vergüenza
sobre ellos mismos: "El respondió: Oí tu voz en el jardín y tuve miedo,
porque estaba desnudo. Por eso me escondí" (Ge.3:10). Adán confeso su
desnudez, de lo cual no podría negar porque era obvio, pero no dijo una palabra
de su pecado. Será natural tratar de esconder el pecado, siempre que se pueda,
por eso es que "Dios juzgara los secretos de los hombres" (Ro.2:16). Los ladrones se consideran como honrados mientras
les parezca que nadie le puede demostrar su maldad.
Es natural para nosotros transferir a otros la culpa de nuestros pecados. Adán
se la echo sobre la mujer, y ella sobre la serpiente: "El hombre
respondió: La mujer que me diste por compañera, ella me dio del árbol, y yo
comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Por que has hecho esto? La mujer
dijo: La serpiente me engaño, y comí" (Gen.3:12-13). Ningún ser humano
necesita que le enseñen esta táctica infernal. Ellos echaran la culpa sobre
Dios mismo y su providencia, llamándole mala suerte a los frutos de su pecado,
como si la desgracia fuera algo extraño que ellos por su "pureza" según
les parece, no se merecen.
Nótese el hablar de Adán, "la mujer que me diste por compañera me dio del
árbol y yo comí", primero se defiende de la culpa y luego confiesa su
falta. Su defensa es larga, pero su confesión es corta "yo comí", la
mujer fue mas breve aun "comí" (v13).
Mire la astucia de la maldad: "la mujer que me diste", fue preciso en
señalar con lujos de detalle como para no cometer equivocación cuando había una
sola mujer en toda la creación, además diciendo "tu regalo me
arruino". Y para acentuar el sentido de echarle la culpa a Dios el hombre
dijo: "La que me diste por compañera", cuando pudo decir simplemente
"ella me dio".
En defenderse se extendió, en confesar lo acorto. Bien dice Salomón: "La
insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su
corazón" (Pro.19:3).
Pero ante todo esto hay un poderoso y eterno remedio:
"Justificados,
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo" (Ro.5:1).
Amen.